Brotó un apego mutuo.
Nos hicimos pareja. Cipris es la fiadora
del amor. Y me invade un pesar cuando recuerdo
cómo me daba besos mientras, taimadamente,
tramaba abandonarme
buscando este derrumbe
quien cimentó el amor.
Eros me ha capturado —no lo voy a negar—
y a él lo tengo dentro de mi mente.
Astros queridos, augusta Noche aliada en mis pasiones,
llevadme en este instante junto a él,
a quien me lleva Cipris ya rendida
y también Eros fuerte de su lado.
Compañero de ruta, el fuerte fuego
que incendia mis entrañas.
Así me perjudica y me atormenta
el seductor, el orgulloso que antes
a Cipris no nombrara cómplice ele su amor
y ahora no soporta
una ofensa cualquiera.
Voy a volverme loca: los celos me dominan,
me quemo abandonada.
Arrójame guirnaldas
y que a mí, en solitario, me cubran sus colores.
No me excluyas, señor, no me despidas.
Tómame. Que te voy a servir con mucho celo.
Este demente amor conlleva gran fatiga
pues hay que sufrir celos, aguantar, ser paciente.
¿Te ocupas ele uno solo? Serás sólo una necia:
la pasión que va sola vuelve locos.
Sé que tengo imbatible el corazón
en las desavenencias, cuando llegan. Y cuando hago memoria
si estoy durmiendo sola me siento enloquecer.
Y tú te vas corriendo a acicalarte...
Si estamos irritados,
habrá que resolverlo prontamente
¿Acaso no tenemos amigos que decidan
quién es el que ha ofendido?
(...)