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Pensamientos capitales – Esther Giménez

Aviso

Cien mil gatos mimosos ronronean.
Ecos desde la nuca hasta las sienes
de aviones que aterrizan.
Rumiar de ruidos roncos reiterados.
Pitidos infinitos en mi oído…
Alguien te está nombrando.
Alguien te está glosando el pensamiento.

Pensamiento 1º: La Soberbia

«El ego ocupa la totalidad».
Si hubiera de elegir la Hormiga Atómica
entre salvar El Mundo o su hormiguero,
sepamos la respuesta:
robarle el corazón a la cigarra.

Pensamiento 2º: La Ambición

«Todo vale».
Todo excepto el dolor es admisible.
-A veces te sufrieron y no te diste cuenta.
Excepto el dolor propio todo vale.
Pensamiento primero:
el ego ocupa la totalidad.

Pensamiento 3º: La Lujuria

«Es la exclusividad el vicio más insano».
La cura de amistades peligrosas
es la más efectiva, la inmortal;
la que recluta más muertos vivientes
de entre los perdonados.

Pensamiento 4º: La Envidia

«Vivir para el escándalo».
La forma elaborada de librarse
de las trepanaciones cognitivas:
raparse la cabeza
para exhibir un hoyo parietal.
Estar ya trepanado es la defensa.

Pensamiento 5º: La Gula

El ansia, los ansiosos, los ansiados…
Y todo es empezar, pero te empiezan.
Cuando una débil capa de pellejo
no abrigue nuestras raspas,
ansiaremos abrigo.
Chaqueta de entretiempo, adolescencia:
poetas devorándose a sí mismos.

Pensamiento 6º: La Ira

No me doy por pisado.
Pero cuando tropieces con el hacha
que dejaré del lado de la cama
por el que te levantas a la altura
de tu talón de Aquiles y te cortes,
no te des por pisada.

Pensamiento 7º: La Pereza

Apocalipsis a las quince treinta:
es la hora de la siesta.

Fuegos fatuos – Esther Giménez

Esposo:
Quiero cerrar los ojos,
entre la oscuridad buscar la nada.
Hallar en mis despojos
la libertad soñada:
no puedo desclavarme tu mirada.

Esposa:
Pero no son tus cruces
más que de dioses mártires y mías.
A imagen me reduces,
altar donde me expías
es tu mirar rezándome elegías,

eternas, como llagas
que han de doler por más que resucite
de tantas muertes vagas.
Cristiano es el desquite;
un fin sin fin de ojos sin remite.

Al último suspiro,
difusa entre lo humano y lo celeste,
le contaré que aspiro
a Ti, que desde el Este
me elevas como un dios tras esta peste
de inmendables errores,
de taliones corruptos y de atilas
cuidándonos las flores.
Mientras de arañas hilas
con sedas de mi alma en tus pupilas.

Esposo:
Me das el Universo
por un gran verde-miel caleidoscopio
igual por el reverso.
Igual parece propio
tu espejo de quimera, igual mi acopio

de fuerzas resistentes
a otra visión daltónica del Mundo.
Pero el iris son lentes
y aumentan en profundo
el bicolor mosaico en que me hundo,

el mar de algas que mecen,
que lentamente rozan, ciernen lento
y acariciar parecen
como amoroso viento
hasta cegar el cuello, el pensamiento.

Esposa:
De agua extrasalada
se escuece tanto valle, pudre, anida
muertos de tanta nada.
Ojos cavando herida.
Sangra paloma inútil concebida

sin alas y sin tacto.
Cree que en el horizonte será un ave,
allí, en lo más abstracto
después de ti. No sabe
que ni siquiera existe aunque lo alabe

como tú apenas eres
frontera imaginaria de amor-llanto
aunque estás, los difieres,
pero ellos mientras tanto
a escondidas reflejan, mezclan canto.

Esposo:
Quiero cerrar los ojos…
y entre la oscuridad también advierto
tus dos infiernos rojos,
los soles de desierto
secando y agrietando el pecho abierto.

Esposa:
Se apaga, se silencia,
se va desmoronando y se hace trizas
cada brizna de esencia;
me esparces, me atomizas,
requemas, desintegras las cenizas.

Esposo & Esposa:
Las tiras a los ojos
para que observe bien: yo soy la nada.
Ni tan sólo despojos
ni libertad vetada.
Una mota de polvo en tu mirada.