Archivo de la categoría: Premio Nacional de Poesía

Esto es falso, esto es bueno… – Eduardo Lizalde

Esto es falso, esto es bueno
y aquello rubio cobre.

Qué ciencia, hermanos,
cómo saben todo eso.

¿No hay más azul, ni falso ni magenta
que el sol del que los mira?

¿No florecemos, no estamos
comprendidos
entre los seres del reino
-oh solipsistas, oh videntes, oh magos-?

Sólo somos el muro que retiene al jardín.

Nana… – Luis Rosales

Duérmete, niño mío,
flor de mi sangre,
lucero custodiado,
luz caminante.

Si las sombras se alargan
sobre los árboles,
detrás de cada tronco
combate un ángel.

Si las estrellas bajan
para mirarte,
detrás de cada estrella
camina un ángel.

Si la nieve descansa
sobre tu carne,
detrás de cada copo
solloza un ángel.

Si viene el mar humilde
para besarte,
detrás de cada ola
relumbra un ángel.

¿Tendrá el sueño en tus ojos
sitio bastante?
Duérmete, recién nacido,
pan de mi carne,

lucero custudiado,
luz caminante,
duerme, que calle el viento…,
dile que calle.

El fotógrafo y la modelo – Jorge Valdés Díaz-Vélez

El tiempo que fue siempre tu enemigo
se detuvo en tu imagen. Ya eres esa
chica de calendario, la princesa
sin fábulas, el ángel que consigo
colgar de cualquier nube. De oro y trigo
la luz ensortijada en tu cabeza,
la arena que se acaba en donde empieza
la línea de tu sexo. Estás conmigo
y no tienes tristezas ni pesares
ni citas por cumplir. Sólo reposas
inmóvil en el cuadro, entre palmeras
de plástico y heladas mariposas
robadas del Cantar de los cantares.
No sabes que no has muerto. Si supieras.

Anoche – Carilda Oliver Labra

Anoche me acosté con un hombre y su sombra.
Las constelaciones nada saben del caso.
Sus besos eran balas que yo enseñé a volar.
Hubo un paro cardíaco.

El joven
nadaba como las olas.
Era tétrico,
suave,
me dio con un martillito en las articulaciones.
Vivimos ese rato de selva,
esa salud colérica
con que nos mata el hambre de otro cuerpo.

Anoche tuve un náufrago en la cama.
Me profanó el maldito.
Envuelto en dios y en sábana
nunca pidió permiso.
Todavía su rayo láser me traspasa.

Hablábamos del cosmos y de iconografía,
pero todo vino abajo
cuando me dio el santo y seña.

Hoy encontré esa mancha en el lecho,
tan honda
que me puse a pensar gravemente:
la vida cabe en una gota.

Los dos ángeles – Rafael Alberti

Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos
donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.

¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas
múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.

Me estas quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Lucifer
de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas
sin sueño,
ya carbón del espíritu,
sol, luna.

Me duelen los cabellos
y las ansias
¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡:Quémame!

¡Quémalo, ángel de luz,
custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado
en las tinieblas!

¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!

Riera – Joan Margarit

Canalitzada i seca,
va per fora del poble fins al mar
amb el terra i els murs de formigó,
ampla i blanca a la llum de la lluna.
Les vores, sobre els murs, entre les canyes,
són plenes de ginesta i de fonoll.
De tant en tant, la fosca perfumada
l’adornen en silenci les finestres
enceses entre els horts.
Per la riera vaig fins a la platja.
Ni carrers ni camins, només l’amplària
nua i abandonada esperant l’aigua
furiosa i brutal de les riuades.

ONCLE LLUÍS – JOAN MARGARIT

Estos días azules y este sol de la infancia.
(Últim vers escrit per Antonio Machado a Cotlliure)

Colgat al fang de l’Ebre, l’heroisme.
Però per al vençut també comptava
-ja amb una pobra roba de civil-
tenir aquella mirada, morenot,
pinxo de barri de rialla fàcil.
Desterrat, se l’enduen en un tren.
En les llargues parades de la nit,
en el seient de fusta, entre fusells,
sent com la guerra és una fera enorme
que amb les urpes l’empeny fins a Bilbao,
sense equipatge i les butxaques buides.

El deixen a l’andana un matí gris.
Fatigat pel viatge i la derrota
es renta en una font i, al fons dels ulls,
llueixen la seva èpica i les armes
d’antany, les velles armes d’aquells balls
de diumenge als patiots de Montjuïc.
Busca els carrers de meuques i tuguris.
Ja és a prop d’ella, sent el seu perfum
barat i la mirada fosca a uns ulls
on el rímel ha posat
banderes negres d’anarquistes morts.
Les ungles, d’un roig brut,
són banderes que l’Ebre arrossegava.

I jo estic orgullós de tornar a escriure,
com als bons dies de la poesia,
un poema que parla d’una puta
que per amor se salva i salva un home.
Això passava en acabar la guerra.
Mentrestant, transcorrien per a mi
els dies blaus i el sol de la infantesa.