Archivo de la categoría: Soneto

¡Qué carajo! – María Rosal

Fuera vara de nardo, si no fuera
mástil, felicidad, sin par badajo,
dedo de luz divina, ¡qué carajo!
que tan sólo en ausencia sabe a tuera.

Nadie ignore su don, ninguna muera
ajena a las delicias del colgajo,
que en mostrando su afán no habrá destajo
ni hospitalario hogar pondrá barrera.

¡Danzad doncellas junto al palo santo!
Vuestra frente inclinad ante el icono
que izará desigual con vuestro abono.

Pues sólo así sabrá animarse tanto,
rendid honores, gusto, pleitesía,
hasta que os dé tributo en ambrosía.

Satán – Miguel de Unamuno

¡Pobre Satán!, botado del escaño
del trono del Señor de las mercedes,
tú que ablandar con lágrimas no puedes
el temple diamantino de tu daño.

Que no puedes llorar. Satán huraño,
preso del miedo único en las redes,
del miedo á la verdad, a que no cedes
¡pobre Satán, padre del desengaño!


A vivir condenado sin remedio
contigo mismo sin descanso lidias
y buscando olvidarte y para el tedio

matar es que la vida con insidias
nos rodeas, teniéndola en asedio
mientras el ser mortal nos envidias.

Segunda lección del páramo – Guillermo Carnero

Veo anegarse la llanura helada
en marea de sombra que creciente
al rojo sumidero del poniente
conduce la blancura amordazada
y a la noche cerrada
unas cuantas palabras que prudente
conseguí, menos sabio que paciente,
traigo como remedio de la nada.
Solo para regalo de mis ojos
brillan y aroman y por un momento
chisporrotean en la llama huidiza;
después, con otros restos y despojos
de voluntad y de conocimiento,
perecen hechas brasas y ceniza.

Paisaje de amor muerto – Alfonsina Storni

Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran
de llamaradas por morir; ya cae
mi corazón desenhebrado, y trae,
la noche, filos que en el viento lloran.

Ya en opacas orillas se avizoran
manadas negras; ya mi lengua atrae
betún de muerte; y ya no se distrae
de mí, la espina; y sombras me devoran.

Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo
Como un perro girando sobre el rabo,
la tierra se echa a descansar, cansada.

Mano huesosa apaga los luceros:
Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada.

Ilustre y hermosísima María… – Luis de Góngora y Argote

Ilustre y hermosísima María,
mientras se dejan ver a cualquier hora
en tus mejillas la rosada Aurora,
Febo en tus ojos y en tu frente el día,
y mientras con gentil descortesía
mueve el viento la hebra voladora
que la Arabia en sus venas atesora
y el rico Tajo en sus arenas cría;
antes que, de la edad Febo eclipsado
y el claro día vuelto en noche obscura,
huya la Aurora del mortal nublado;
antes que lo que hoy es rubio tesoro
venza a la blanca nieve su blancura:
goza, goza el color, la luz, el oro.

A ***, DEDICÁNDOLE ESTAS POESÍAS – JOSÉ DE ESPRONCEDA

Marchitas ya las juveniles flores,
nublado el sol de la esperanza mía,
hora tras hora cuento, y mi agonía
crecen y mi ansiedad y mis dolores.

Sobre terso cristal ricos colores
pinta alegre tal vez mi fantasía,
cuando la triste realidad sombría
mancha el cristal y empaña sus fulgores.

Los ojos vuelvo en incesante anhelo,
y gira en torno indiferente el mundo,
y en torno gira indiferente el cielo.

A ti las quejas de mi mal profundo,
hermosa sin ventura, yo te envío:
mis versos son tu corazón y el mío.

Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,… – Pablo Neruda

Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,
espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,
qué oscura claridad se abre entre tus columnas?
Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?

Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,
con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:
amar es un combate de relámpagos
y dos cuerpos por una sola miel derrotados.

Beso a beso recorro tu pequeño infinito,
tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,
y el fuego genital transformado en delicia

corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.

El lirio – Carilda Oliver Labra


                                   A Raúl Rivero

Llevo un lirio fantástico, tremendo;
bello por fuera y por adentro malo.
Me espanta con su sed. Lo doy, lo vendo,
a cualquiera que pase lo regalo.

Que se vaya a crecer; alto, derecho,
a la tierra más dura de otro hombro.
A mí me da dolor suelto en el pecho,
solitario y de pie como un escombro.

Me estorba su reflejo empobrecido,
su no querer llegar a ser olvido,
su seda intolerable y cenicienta.

¡Quitádmelo de aquí! Pronto... lo pido,
Haced un corazón ciego, abolido,
de este lirio que al fin se me aposenta.

La flor de la candela – Joaquín Sabina

Evocaré el boliche clandestino
que desató mi lengua y tus botones,
¿qué panal libaré cuando el destino
me requise la miel de tus pezones?
Eccema de mis pilas agotadas,
badila de mis quieros y mis puedos,
zalema de pupilas deslumbradas,
teorema de las yemas de mis dedos.
Cada noche te asalto en la escalera,
vivo dilapidando amaneceres
con tu tanga de encaje por montera.
Laica patrona de la despedida,
yo te nombro, entre todas las mujeres,
la flor de la candela de mi vida.