Archivo de la categoría: Poesía nicaragüense

De la mujer al hombre – Gioconda Belli

Dios te hizo hombre para mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Barajando recuerdos – Claribel Alegría

Barajando recuerdos
me encontré con el tuyo.
No dolía.
Lo saqué de su estuche,
sacudí sus raíces
en el viento,
lo puse a contraluz:
Era un cristal pulido
reflejando peces de colores,
una flor sin espinas
que no ardía.
Lo arrojé contra el muro
y sonó la sirena de mi alarma.
¿Quién apagó su lumbre?
¿Quién le quitó su filo
a mi recuerdo-lanza
que yo amaba?

Ars poética – Pablo Antonio Cuadra

Volver es necesario
a la fuente del canto:
encontrar la poesía de las cosas corrientes,
cantar para cualquiera
con el tono ordinario
que se usa en el amor,
que sonría entendida la Juana cocinera
o que llore abatida si es un verso de llanto
y que el canto no extrañe a la luz del comal;
que lo pueda en su trabajo decir el jornalero,
que lo cante el guitarrero
y luego lo repita el vaquero en el corral.
Debemos de cantar
como canta el gurrión al azahar:
encontrar la poesía de las cosas comunes
la poesía del día, la del martes, la del lunes,
la del jarro, la hamaca y el jicote,
el pipián, el chayote,
el trago y el jornal;
el nombre y el lugar que tienen las estrellas,
las diversas señales que pinta el horizonte,
las hierbas y las flores que crecen en el monte
y aquellas que soñamos si queremos soñar.

Decir los que queremos.
Querer lo que decimos.
Cantemos
¡aquello que vivimos!

Eva – Alfonso Cortés

Adán sintiéndose ardiendo en deseos distintos
a todos los deseos que colmaban su infancia,
su ser se bañó en la onda de una extraña fragancia
y lanzó —ansiosa y trémula— una mirada nueva,
al ver tras la cortina de los árboles a Eva.

La madre de los hombres, virgen y soñadora
ya sentía en su ser la fuerza misteriosa,
y mientras contemplaba su cuerpo en una fuente,
escuchó entre sonrisa la voz de la serpiente;
la serpiente hablaba, irónica y lasciva,
y en tanto las palomas, arrullándose arriba,
constelaban de cantos el cielo de la fronda.

Eva sintió que su cuerpo se estremecía en la onda
y sintió un calofrío, que gracia de amor es,
cuando fue la serpiente a lamerle los pies,

entonces por la senda florecida de lirios,
se alejó meditando en sus vagos delirios,
y, como quien contesta a un íntimo reclamo,
mientras se iba alejando iba diciendo: Amo…
y Adán que la espiaba, se fue tras de sus huellas,
mientras el cielo abría sus primeras estrellas.

Cuando estuvieron juntos, ella quiso, inocente,
contar lo que dijo la voz de la serpiente,
que es la sagrada chispa que diviniza el lodo,
pero Adán dulcemente contestó: lo sé todo…
la tomó entre sus brazos y se perdió en el viento.

¡Sobre el Edén bajaba el crepúsculo lento!

Amor de frutas – Gioconda Belli

Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme.

Oda al pene – Gioconda Belli

Querido Ticas:
No es posible tener muy buena opinión
de un órgano membranoso
que se pliega y se despliega
sin tener en cuenta
la voluntad de su dueño.
Que no responde a la razón
que hace el ridículo cuando menos lo esperas
o se pone soberbio
cuando habías decidido mostrarte tímido.
No es posible tener muy buena opinión
de los misiles
ni de los obeliscos de las ciudades
ni de las bombas testiculares.
No se puede estar muy orgulloso
de un órgano de requerimientos tan imperiosos
a solitarios manoseos
o a rápidas penetraciones en turbios cuchitriles
pagando lo menos posible.

Sublímalo, Ticas
pinta cuadros
escribe libros
preséntate a diputado
escribe letras de rock
compra acciones de la Bolsa:
todo, para olvidar
esa oprobiosa sumisión
a un órgano que no puedes gobernar,
que no controlas.