A mis padres
Hay familias que bajan las persianas
si el aire huele a lluvia,
para que no se ensucien los cristales.
Si llovía en mi infancia
abríamos ventanas,
respirábamos hondo,
mirábamos los rayos,
la lluvia
nos empapaba.
A mis padres
Hay familias que bajan las persianas
si el aire huele a lluvia,
para que no se ensucien los cristales.
Si llovía en mi infancia
abríamos ventanas,
respirábamos hondo,
mirábamos los rayos,
la lluvia
nos empapaba.
Nunca le tomes
la palabra
a la noche.
Es palabra de agua
y tú conoces las mareas.
MUJER QUE MUSITAS,
¿puedo abrazarte?
Situada a la altura de tu sufrimiento,
reposar en tu hombro
(niña en volandas)
para hablar del exterminio
de los aborígenes de Tasmania.
EL LIRIO DE MI VIENTRE
pues blanco soy de piel
el lirio de mi vientre
que se yergue sin dueño
pues blanco soy de piel
pero negros mis ojos
Es mi vientre mi pecho
mis ojos mis caderas
y los labios la frente
los brazos los costados
todo lo que no digo
esperando quien venga
por fin y como el águila
me rapte se me lleve
un día igual que el águila
de Dios
DESEAR ES IR REMANDO
a contracorriente
sin saber qué hay allá
donde algo se ilumina
o tal vez se quema
No hay más. Sólo mujer para alegrarnos,
sólo ojos de mujer para reconfortarnos,
sólo cuerpos desnudos,
territorios en que no se cansa el hombre.
Si no es posible dedicarse a Dios
en la época del crecimiento,
¿qué darle al corazón afligido
sino el círculo de muerte necesaria
que es la mujer?
Estamos en el sexo, belleza pura,
corazón solo y limpio.
También tú, curtidor,
y tú, patán hermoso, arrancándole
al invierno terrones, empujando
en agosto el plostellum. Y tú,
herrero entre sombríos fulgores,
o tú, inocente
borracho sin oficio.
También vosotros sin saberlo
conocisteis alguna vez
no la mayor: la única gloria del poeta:
cuando en el prado, la curtiduría,
la taberna, la fragua, se os llegaron
casualmente a la boca aquellas tres, cuatro palabras
que no se habían juntado antes
o nunca habían sonado de aquel modo,
y que dejaban dicho algo,
sencillo acaso como ellas,
pero tan verdadero, tan nuevo y tan antiguo
que os suspendió y enmudeció un instante,
como a algunos de los que os escuchaban.
UN HOMBRE UN PAISAJE Y LA PASIÓN / eran todos los materiales necesarios / para la empresa novelística / según Delibes / un hombre / un amor / y el ambiente / precisaría Chacel más tarde / un personaje / un conflicto / y la tierra / de acuerdo con Umbral / pues todos ellos acapararon el yo / «literatura de lo vivo» / recuerdo tangible de cuanto la memoria posee / ¿a quién pertenecen los recuerdos? / ¿tiene dueño la memoria alzada? / ¿puedo poseerte yo / vívida reminiscencia de tu labio? / lo tramaré así / siendo ligera pero sensata / una mujer una biblioteca el deseo
En las trampas de los ojos
el paisaje y su escritura verde,
la tierra y su amor calizo,
la luz y sus remolinos amarillos.
El tránsito hacia los escalofríos,
hacia el vestido recto de la noche,
hacia el agua embriagante de la cercanía.
La plenitud de tu flor abierta
en el espejo, de tu cintura encerrada entre mis manos,
de tus labios en el lugar común
de mi nombre completo.
Oh, me gustaría tanto que recordaras
Los días felices cuando éramos amigos...
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo...
¿Ves? No lo he olvidado...
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo
Los recuerdos y las penas, también.
Y el viento del norte se las lleva
En la noche fría del olvido
¿Ves? No he olvidado
la canción que tú me cantabas.
Es una canción que nos acerca
Tú me amabas y yo te amaba
Vivíamos juntos
Tú, que me amabas, y yo, que te amaba...
Pero la vida separa a aquellos que se aman
Silenciosamente sin hacer ruido
Y el mar borra sobre la arena
El paso de los amantes que se separan.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo.
Los recuerdos y las penas, también.
Pero mi amor, silencioso y fiel
Siempre sonríe y le agradece a la vida.
Yo te amaba, y eras tan linda...
Cómo crees que podría olvidarte?
En aquel tiempo la vida era más hermosa
Y el sol brillaba más que hoy
Eras mi más dulce amiga,
Mas no tengo sino recuerdos
Y la canción que tú me cantabas,
¡Siempre, siempre la recordaré!