Confesión – Charles Bukowski

Esperando a la muerte
como un gato
que saltará sobre la
cama.

Estoy apenado por
mi esposa.
Ella verá este
cuerpo
rígido
y blanco.

Lo sacudirá una vez, entonces
quizás de nuevo:
“Hank”
Hank no
contestará.

No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi esposa
sola con esta
pila de nada.

Quiero que sepa
que todas las noches
durmiendo a su lado.
Incluso las discusiones
inútiles
fueron cosas
espléndidas.

Y las duras
palabras
que siempre tuve miedo de
decir
pueden ahora ser
dichas:

“Te amo”

Inspiración y gracia – José María Pemán

Nada hay perfecto en mí, sino las cosas		
que son apenas mías:		
el relámpago puro,		
la centella infinita.		
Todo me es dado en gracia:		
gracia humana o divina.		
La riqueza mejor de mis riquezas		
es mi riqueza gratuita.		
Riqueza no ganada: plenitud sin esfuerzo.		
Maestría		
que se me entró desnuda		
como el viento o el sol, por las rendijas		
mal cerradas del alma; luz robada;		
música no aprendida;		
rosa de otros jardines		
que la mano de Dios, porque Él lo quiso,		
puso en mi pecho mientras yo dormía.		

Inspiración y Gracia:		
todo lo que hay en mí claro y perfecto		
vino a mí, sin esfuerzo, en la alegría		
del sol de la mañana		
cuando yo estaba de rodillas.		

Todo, de vuelta, lo encontré en mi mesa:		
servido el pan y el agua,		
la lámpara encendida...		
—254→
Nunca salí al encuentro de las cosas:		
y las cosas mejores		
me fueron concedidas.		

¡Señor: yo te bendigo		
por todas mis riquezas gratuitas!
 

Quiero saber – Viviane Nathan

¿Hay alguna diferencia, acaso,
entre las piedras y los pasos?
¿Quién atropella primero
y quién cede el espacio
para que el otro camine?
La lentitud del hombre,
su torpeza
y la existencia azul de los silencios
se funden quietamente,
se hacen polvo,
tierra y sedimento.
¿Y qué pregunto ahora, si ya sé cómo se llega?
Un lamento a la izquierda,
dos cuadras adelante
y al final
unos se van camino adentro,
otros se pierden y se olvidan.
Queda la piedra, el árbol,
la nostalgia
y la soledad absurdamente vieja de los niños…
Entre flores y hormigas se abren puntos invisibles
por donde envejece la alegría.
¿Quién atropella primero,
quién se lanza, quién se queda, cuál de los tontos
y de los tantos?
Quiero saber de uno más que aún se atreva.

El otro – Rosario Castellanos

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

En una de esas tardes… – Carlos Pellicer

En una de esas tardes
sin más pintura que la de mis ojos,
te desnudé
y el viaje de mis manos y mis labios
llenó todo tu cuerpo de rocío.
Aquel mundo amanecido por la tarde,
con tantos episodios sin historias,
fue silenciosamente abanderado
y seguido por pueblos de ansiedades.
Entre tu ombligo y sus alrededores
sonreían los ojos de mis labios
y tu cadera,
esfera en dos mitades,
alegró los momentos de agonía
en que mi vida huyó para tu vida.
Estamos tan presentes,
que el pasado no cuenta sin ser visto.
No somos lo escondido;
en el torrente de la vida estamos.
Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
toda el agua que va rumbo a tus cántaros.
Tu nombre, tu alegría…
Nadie lo sabe;
ni tú misma a solas.

Ilustre y hermosísima María… – Luis de Góngora y Argote

Ilustre y hermosísima María,
mientras se dejan ver a cualquier hora
en tus mejillas la rosada Aurora,
Febo en tus ojos y en tu frente el día,
y mientras con gentil descortesía
mueve el viento la hebra voladora
que la Arabia en sus venas atesora
y el rico Tajo en sus arenas cría;
antes que, de la edad Febo eclipsado
y el claro día vuelto en noche obscura,
huya la Aurora del mortal nublado;
antes que lo que hoy es rubio tesoro
venza a la blanca nieve su blancura:
goza, goza el color, la luz, el oro.

Quiénes somos – Cristina Peri Rossi

Quienes dicen que somos solo humanos
olvidan que todos somos animales.
Quienes dicen que somos solo animales
olvidan que somos un poco plantas.
Quienes dicen que somos un poco plantas
olvidan que somos un poco luz
y un poco oscuridad.
Quienes dicen que somos claroscuro
olvidan que somos un poco música
la música de las aguas del viento de los cielos.
Quienes dicen que somos buenos
olvidan toda la maldad del mundo.
Y quienes dicen que somos malos
olvidan toda la bondad de una mirada compasiva.
Soy la mujer que ayudó a morir a su padre.
Soy el hombre que prostituyó a una mujer
y su cliente.
Soy la planta que nació entre las piedras
y la máquina que la segó.
Soy tu amante celosa
y tu marido infiel.
Aprovecha este corto tiempo que me queda
para gozarme y torturarme.
El resto será mala memoria
y acaso
un tardío perdón
por no morir al mismo tiempo.

River Rouge – Gilberto Owen

Cómo llega a pesar un haz de brisa
contra un río sin tacto a la cintura
a estatura de alas cómo rueda Cristóbal
a ras de todavía corazón
a mil por hora
su voz sin sueño
mi voz sin tiempo
a sueño de constelación
esa mano clava cuatro mil cuatrocientos tornillos al día
y ése escribe la ese de stop ocho mil
y esos cilindros que no han bailado en Chalma ni en
Palestina
y una mujer se enciende
duérmete al sur
duérmete duérmete niño Jesús
o es verdad el behaviorismo
y llega el frío llamado Ford
y hay la mirada fría y plana del acero
que nos unta a su espejo sin amor
y cuando salimos tenemos tres dimensiones
pero la tercera es el tiempo no más
cómo duele el haber jugado a ángeles
si ellos no juegan a ser hombres ya

Poesía de todas la épocas y nacionalidades