Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío
junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo,
de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas,
sentí de pronto en infinito vacío de su ausencia.
Si todos estos años que me falta
como una planta trepadora que se coge del viento
he sentido que llega o que regresa en cada contacto
y ávidamente rasgo todos los días un mensaje que nada contiene sino una fecha
y su nombre se agranda y vibra cada vez más profundamente
porque su voz no era más que para mi oído,
porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos
y mi alma es como un gran templo deshabitado.
Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño
forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo,
suave de mi tersura, grande por mis deseos,
máscara
estatua que he erigido a su memoria.
Las olas muerden la arena – Marina Romero
Las olas muerden la arena
con dentelladas de fuego;
le dejan su verde vivo,
se llevan su verde muerto.
¡Ay, marinero!
Las olas tienen querellas
de mar adentro.
Viejos amigos – Santiago de Navascués
EL domingo por la tarde
la luz, incierta, vacila
como una puerta entornada
sobre la curva del día.
Los pájaros oscurecen
el cielo con sombras chinas,
bailan sobre el horizonte
y se alejan de mi vista.
Como un enigma, oscuro,
desaparece el domingo:
un sumidero de sombras,
pájaros en el abismo.
Y aquella luz tan extraña
que ahora miro tranquilo,
como se evoca, de pronto,
el rostro de un viejo amigo.
Terso cabello de seda negra,… – Clara Janés
Terso cabello de seda negra,
nunca el labio encarnado en mariposa
se posa sobre tan suave lienzo
ni encima de esa piel ardida
por los vientos.
En lo hondo del propio pozo
se pierde definitivo el beso,
y sólo en el mutismo y la distancia
se insinúa
el tacto de la mente
entre los cuerpos.
El extranjero – Tomás Segovia
No le toques los pechos Extranjero
A esta sombra con fiebre que esta noche
Anocheció tan hembra
Por los linderos de los residentes
Todo el verano es de ellos
Escúchalos dichosamente extraviados
Sin saber cómo hacer
Para entender bajo sus propias voces
Este lamento de la plenitud
Que tan claro se oye en tu silencio
Y tienes que vagar a solas
Por las quietas afueras de su fiesta
Y poner sólo ecos distantes
En tu ramo nocturno en la sombra cortado
Y bañarte tan solo en murmullos de espumas
No saben que su amo
Tiene en ti un siervo más
Que también el verano te devuelve un rato
Tu corazón con llaga
Nadie sabe aquí el nombre
De tu amor extranjero
Y tienes que alejarte al borde de la noche
A decirlo a sus muertos
Que duermen allá afuera y que piensan en ti
Tras sus pesados párpados cerrados.
Educación poética – Gracia Aguilar Almendros
A mis padres
Hay familias que bajan las persianas
si el aire huele a lluvia,
para que no se ensucien los cristales.
Si llovía en mi infancia
abríamos ventanas,
respirábamos hondo,
mirábamos los rayos,
la lluvia
nos empapaba.
Nunca le tomes… – Vanesa Pérez-Sauquillo
Nunca le tomes
la palabra
a la noche.
Es palabra de agua
y tú conoces las mareas.
Mujer que musitas… – Pilar Adón
MUJER QUE MUSITAS,
¿puedo abrazarte?
Situada a la altura de tu sufrimiento,
reposar en tu hombro
(niña en volandas)
para hablar del exterminio
de los aborígenes de Tasmania.
El lirio de mi vientre – Carmen Jodra Davó
EL LIRIO DE MI VIENTRE
pues blanco soy de piel
el lirio de mi vientre
que se yergue sin dueño
pues blanco soy de piel
pero negros mis ojos
Es mi vientre mi pecho
mis ojos mis caderas
y los labios la frente
los brazos los costados
todo lo que no digo
esperando quien venga
por fin y como el águila
me rapte se me lleve
un día igual que el águila
de Dios
DESEAR ES IR REMANDO… – NATALIA LITVINOVA
DESEAR ES IR REMANDO
a contracorriente
sin saber qué hay allá
donde algo se ilumina
o tal vez se quema