Me despierta en la celda el largo tren de carga – Ernesto Cardenal

Me despierta en la celda el largo tren de carga
que se oye venir desde lejos en la noche
y va pasando y pasando, y pitando, y parece
que no va a acabar nunca de pasar.
Vagones y vagones y vagones que van chocando.
Yo me vuelvo a dormir y va todavía pasando,
jadeando, allá en la lejanía, y todavía pitando,
y entre sueños me pregunto por qué hay trenes todavía,
y a quién llevan carga los trenes, qué carga llevarán,
y de dónde vienen los vagones, y hacia dónde van.

Duele menos estar solo – Otto René Castillo

Creo
que duele menos
estar solo
con tu recuerdo,
bajo este cielo
duro,
bajo este viento
espeso,
bajo miradas
agudas
que preguntan:
"¿Por qué sufren
tus manos
en las tardes'?
"¿Por qué no vienes,
sin la hoguera
de su pecho
lejano,
y te diviertes
con nosotras?"

Poder
asirse el alma
sería eso.
Y renunciar
para siempre
al sitio
donde me espera
el viento
acariciando tus cabellos.

Lo sabes.

Contigo
no me cabe el mundo
en las venas.
Pero sin ti
soy demasiado pequeño,
para esta calle
de labios grises.
Créeme, tu ausencia quema,
alma mía.
Y tu recuerdo duele.
Ahora soy, por ejemplo,
el esqueleto
de una casa incendiada,
que se duele
en el fondo de la ceniza.
Y grito: "Llevadme llamas
con vosotras, a cualquier parte.
No me dejéis ardido
de escombros.
Llevadme, en vuestros lomos,
porque me duele
el calvariento recuerdo
de los pájaros que cantaron
en mi techo, por las tardes."

Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.

Así todos los días
amante mía.

Créeme, pero me duele
más tu recuerdo,
amor mío,
que mi vencida soledad.

sí, sí – Charles Bukowski

cuando Dios creó el amor no ayudó mucho
cuando Dios creó a los perros no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas no fue muy original
cuando Dios creó el odio tuvimos algo útil

cuando Dios me creó a mí, bueno, me creó a mí

cuando Dios creó al mono estaba dormido
cuando creó a la jirafa estaba borracho
cuando creó las drogas estaba drogado
y cuando creó el suicidio estaba deprimido

cuando te creó a ti durmiendo en la cama
sabia lo que hacia
estaba borracho y drogado
y creó las montañas y el mar y el fuego al mismo tiempo

cometió algunos errores
pero cuando te creó a ti durmiendo en la cama
se derramó sobre su Bendito Universo

Canción apasionada – Xavier Villaurrutia

COMO la primavera, ponía
en cada espíritu un azoro;
en su sonrisa desleía
la miel del ansia que encendía
en un relámpago sonoro.

Y como la noche, callaba,
y en el silencio azul y fuerte
de sus pupilas, concentraba
un temblor mayor que la muerte…

Su voz era mansa y cercana;
tenía brillos de manzana.
Y mi fervor asiduo ardía
en su carne como una llama
que ningún soplo inclinaría.

¡Qué fiel el zumo que su boca
exprimió en la mía temblorosa!
Su calor en mi alma coloca
reminiscente y roja rosa.

¡Qué firme apego el de sus brazos!
Lo siente ahora el desamor
en que se inundan mis ribazos
y en que se calla mi clamor…

Vida contemplativa – Santiago de Navascués

PÁLIDOS bustos de belleza griega,
como un largo espejismo quedaréis
fijos en un lugar de mi memoria.
Bebiendo un café insípido vislumbro
las negras aves en el cielo. Hace
frío y el mundo brilla tenuemente
bajo la luz herida de septiembre.
El tiempo se detiene en una calle,
como un turista confundido, quieto
ante el enigma mudo de una esfinge
que custodia la entrada de la Acrópolis.
Los griegos cincelaron un instante
sobre el rostro inmutable de este mármol.
Cierro los ojos y contemplo: todo
tiene ahora la forma de mi sueño...
Las nubes cubren los desnudos bustos
mientras trazo la luz en estas líneas
y agoniza el verano estoicamente
sobre la superficie de las cosas.

Parábola del semáforo – Joaquín Antonio Peñalosa

en aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos
no he visto nada tan hermoso después de las estrellas
como un semáforo
la llama roja congelando las sandalias
la llama amarilla precaviendo el semáforo del ojo
la llama verde poniendo en marcha el bosque de los báculos
para el diluvio de las máquinas
repetid en cada esquina el arcoíris
y no emprendáis camino
sin alzar el candelabro de las tres pupilas.

LOS PIES DEL HORIZONTE – José Gutiérrez Román

DESCALZOS,
con lentos pasos de luz,
van rozando la atmósfera
de esta tarde sobre el mar.
Ligeros, como beso de viento,
depositan su pisada
allí donde jamás llegarán mis ojos.
Y dan así movimiento a las aguas,
y nacen así esas finas láminas celestes
que ahora, con suave susurro de espuma,
vienen a besar mis pies.

155 – Álvaro Pombo

Retrato de un Niño
(El macizo de aquellos erguidos
Entreabiertos tulipanes amarillos
Hace transparente
Parece por la tarde)

El espejo confirma
La levedad del niño
El indeciso pantalón
Corto las botas
Recién inauguradas
Ese Octubre

Una desvaída corbata
Torcida amarilla
Y verde

De labios inmortales
Todavía en sus labios
Una dicha obstinada

En todo el jardín
El sol hacía islas con los árboles

Poesía de todas la épocas y nacionalidades