A mi alma – Juan Ramón Jiménez

Siempre tienes la rama preparada
para la rosa justa; andas alerta
siempre, el oído cálido en la puerta
de tu cuerpo, a la flecha inesperada.

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. De noche, estás despierta
en tu estrella, a la vida desvelada.

Signo indeleble pones en las cosas.
luego, tornada gloria de las cumbres,
revivirás en todo lo que sellas.

Tu rosa será norma de las rosas;
tu oír, de la armonía; de las lumbres
tu pensar; tu velar, de las estrellas.

Arroyo – Tomás Segovia

En la prisa de su ímpetu tiránico
No oye nada el arroyo
Desde el foso sin bordes de su propio fragor
Desde aquí arriba
Se ve el tropel de espaldas líquidas
Sin cesar arrojándose
Con la monótona constancia
De un perpetuo desorden

Esta vehemencia se abalanza
Hacia un túnel del tiempo
Que no debiera tener término

El arroyo perpetuamente empieza
Por siempre su después es otra vez ahora

¡Ah sí! resiste
No te dejes salvar por mis palabras
No cedas uno solo de tus ansiosos rasgos
A la imagen de ti
En la que te amaré luego

Te juro que estoy mirándote
Fuera de este poema
Donde corro contigo
Abrazado a un impulso y ciego a toda meta

Queriendo que mi vida igual que tú
No sepa nunca dónde acaba el tiempo.

La noche en que nos conocimos… – Camila Sosa Villada

La noche en que nos conocimos
las palabras andaban por el aire
un tropel de caballos que corrían
al desierto para morir de sed.
Suicidas de seda, kamikazes de organza.
Nos mirábamos las bocas
y buscábamos entre todos los ademanes
la oportunidad para rozarnos.
Nos olvidamos de que las palabras estaban cerca.
Las dejamos flotar como niños malcriados
sobre nuestra íntima ceremonia.
Estábamos juntos y nos decíamos linduras al oído
antes de partir en direcciones contrarias.
La despedida fue breve,
dejamos que nuestro piadoso vocabulario
tuviera su minuto de descanso.
Al llegar a casa, un dolor en la nuca
me recordó que tenía un cuerpo y,
en orden de mérito,
vos te lo merecías por completo.

Glorias de la mañana – Mary Oliver

Azul y azul oscuro
rosa y rosa profundo
blanco y rosado están

en todas partes en el laborioso
trigal alzándose y meciéndose
en su confiable

forja en el pequeño
arrojo de sus cuerpos sus
propios aparejos

atrapados en los tallos de trigo.
La historia del segador es la historia
del infinito trabajo de

tarea cuidadosa y dura pero el
segador no puede
separarlas ahí están

en la historia de su vida
brillantes fortuitas inútiles
año tras año

tomadas con las serias toneladas
malezas sin valor graciosas
bellas malezas.

EL LENGUAJE DEL AGUA – Carmen María López

LA piedad está en la lluvia: si la miras
despacio, si detienes relojes
del mundo y solo miras esta lluvia,
esta que cae ahora, arrecia y barre
la vida con su canto humedecido,
esta que lava en su misericordia
la herrumbre de las cosas,
esta que habla el lenguaje de los muertos
y te dice palabras y al decirlas
orea el aire vivo y nutre de agua la tierra,
esta que huele a luz recién nacida
y es hermosa cayendo, hermosa y vertical…

La piedad está en la lluvia.
La piedad es el lenguaje del agua.

ByeByeBlondie – Claudia Masin


                 (basado en el film de Virginie Despentes)

Yo no estoy curada. Me dieron
en la boca la medicina que podía
calmar la ira, la tendencia a gritar, a revolverse
cuando la aguja se hunde
y saca sangre del pozo de la vena,
como si fuera barro y hubiera
que limpiar el cuerpo, sus impurezas,
porque una mujer, cualquier mujer
ensucia lo que toca si no es sometida
a intensos rituales de desinfección, de brutal
pero necesaria limpieza. Yo no estoy
curada pero me dejo
hacer, brillo como una santa, la misma fe
en cosas imposibles, la misma
pasión con un nombre
diferente. No me será quitada
la rabia, ni muerta
esta perra dejará de echar espuma
por la boca ni de lanzar la dentellada
si la quieren
poner a dormir para que no sufra
ni cause sufrimiento. Vos y yo teníamos
un secreto. Estábamos vivas
aunque nos hiciéramos las muertas,
en medio del bombardeo un par de cuerpos
que sobreviven con una única
estrategia: quedarse quietas, no revelar
que están ahí, no dejar que el pecho se mueva
con cada respiración, desaparecer
del mundo de los vivos hasta que los vivos
nos dejaran en paz. La batalla es cruenta
y dura todos los años que tuvimos
y tendremos. Cuando parece terminar,
empieza. Y de nuevo a cubrirnos las espaldas
la una a la otra. No te vayas, no te canses
de pelear, un ejército de dos aunque parezca
modesto, inofensivo, puede hacer temblar
la tierra. No es que vayamos a cambiar las cosas:
la victoria es que las cosas
no nos cambien a nosotras. Y no es poco,
no es poco seguir buscándonos
en la noche como insectos que se apiñan
alrededor de la luz. Si vamos a quemarnos al menos
elijamos el fuego, encendámoslo nosotras
con las manos llagadas que tenemos y que la llaga
duela si tiene que doler, pero que sea
en nuestros términos, locas,
raras, mujeres que olvidaron
contra toda evidencia
cómo deben morir las mujeres:
dejándose matar
y agradeciéndolo.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades