No es esa que el pudor un día deja,
No es esa que fue espejismo y es engaño.
La última puerta es la que importa:
Cazador que porfía, caza alcanza.
De luz y rosas – Julio Martínez Mesanza
Si no sabe de ti, mi alma no sabe,
acostumbrada al páramo sombrío,
donde estaban tu casa y esas rosas
y la luz que encendías a la noche;
la casa que jamás me abrió sus puertas,
pero sus rosas y su luz bastaban,
para saber de ti, de luz y rosas.
Tu superhéroe – Nach
Cuando la vida te golpee y te caigas,
yo me convertiré en el Hombre Colchón.
Si alguien se acerca para hacerte daño,
yo me convertiré en el Hombre Burbuja.
Cuando tengas ganas de llorar y no sepas dónde hacerlo,
yo me convertiré en el Hombre Hombro.
Si en algún momento te ves andando entre tinieblas,
yo me convertiré en el Hombre Antorcha.
Cuando estés caliente y necesites desahogarte,
yo me convertiré en el Hombre Pene.
Cuando te canses de mí, no te preocupes,
no tendré más remedio que convertirme en el Hombre Invisible.
Confesión – Charles Bukowski
Esperando a la muerte
como un gato
que saltará sobre la
cama.
Estoy apenado por
mi esposa.
Ella verá este
cuerpo
rígido
y blanco.
Lo sacudirá una vez, entonces
quizás de nuevo:
“Hank”
Hank no
contestará.
No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi esposa
sola con esta
pila de nada.
Quiero que sepa
que todas las noches
durmiendo a su lado.
Incluso las discusiones
inútiles
fueron cosas
espléndidas.
Y las duras
palabras
que siempre tuve miedo de
decir
pueden ahora ser
dichas:
“Te amo”
Trasmundo – Abelardo Linares
Más allá del deseo y su luz torpe,
más allá de la risa, al otro lado
de ese instante sin tiempo o la nostalgia,
lejos de la razón, de la locura,
más allá de mí mismo, de la vida,
tan inútil, tan vieja conocida,
más allá de estos sueños, de esta muerte:
tras de la sombra en llamas de tus ojos.
Inspiración y gracia – José María Pemán
Nada hay perfecto en mí, sino las cosas
que son apenas mías:
el relámpago puro,
la centella infinita.
Todo me es dado en gracia:
gracia humana o divina.
La riqueza mejor de mis riquezas
es mi riqueza gratuita.
Riqueza no ganada: plenitud sin esfuerzo.
Maestría
que se me entró desnuda
como el viento o el sol, por las rendijas
mal cerradas del alma; luz robada;
música no aprendida;
rosa de otros jardines
que la mano de Dios, porque Él lo quiso,
puso en mi pecho mientras yo dormía.
Inspiración y Gracia:
todo lo que hay en mí claro y perfecto
vino a mí, sin esfuerzo, en la alegría
del sol de la mañana
cuando yo estaba de rodillas.
Todo, de vuelta, lo encontré en mi mesa:
servido el pan y el agua,
la lámpara encendida...
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Nunca salí al encuentro de las cosas:
y las cosas mejores
me fueron concedidas.
¡Señor: yo te bendigo
por todas mis riquezas gratuitas!
Quiero saber – Viviane Nathan
¿Hay alguna diferencia, acaso,
entre las piedras y los pasos?
¿Quién atropella primero
y quién cede el espacio
para que el otro camine?
La lentitud del hombre,
su torpeza
y la existencia azul de los silencios
se funden quietamente,
se hacen polvo,
tierra y sedimento.
¿Y qué pregunto ahora, si ya sé cómo se llega?
Un lamento a la izquierda,
dos cuadras adelante
y al final
unos se van camino adentro,
otros se pierden y se olvidan.
Queda la piedra, el árbol,
la nostalgia
y la soledad absurdamente vieja de los niños…
Entre flores y hormigas se abren puntos invisibles
por donde envejece la alegría.
¿Quién atropella primero,
quién se lanza, quién se queda, cuál de los tontos
y de los tantos?
Quiero saber de uno más que aún se atreva.
El otro – Rosario Castellanos
¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.
En una de esas tardes… – Carlos Pellicer
En una de esas tardessin más pintura que la de mis ojos,te desnudéy el viaje de mis manos y mis labiosllenó todo tu cuerpo de rocío.Aquel mundo amanecido por la tarde,con tantos episodios sin historias,fue silenciosamente abanderadoy seguido por pueblos de ansiedades.Entre tu ombligo y sus alrededoressonreían los ojos de mis labiosy tu cadera,esfera en dos mitades,alegró los momentos de agoníaen que mi vida huyó para tu vida.Estamos tan presentes,que el pasado no cuenta sin ser visto.No somos lo escondido;en el torrente de la vida estamos.Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mítoda el agua que va rumbo a tus cántaros.Tu nombre, tu alegría…Nadie lo sabe;ni tú misma a solas.
Ilustre y hermosísima María… – Luis de Góngora y Argote
Ilustre y hermosísima María,mientras se dejan ver a cualquier horaen tus mejillas la rosada Aurora,Febo en tus ojos y en tu frente el día,y mientras con gentil descortesíamueve el viento la hebra voladoraque la Arabia en sus venas atesoray el rico Tajo en sus arenas cría;antes que, de la edad Febo eclipsadoy el claro día vuelto en noche obscura,huya la Aurora del mortal nublado;antes que lo que hoy es rubio tesorovenza a la blanca nieve su blancura:goza, goza el color, la luz, el oro.