Oídme. Vengo… – Chantal Maillard

Oídme.          Vengo
de inhóspitos parajes.
Territorios que nadie querría
haber hollado.
Para hablar necesito la fuerza
que no tengo.
Son tantos los obstáculos.
Aquel lugar abajo sin cerrar
este de aquí por nuestro siempre
hambriento y aquél
aún tan otro.

Oídme. Soy de aquellas
que vagan en los límites.
Quien me escuche sin ansia entenderá.
No somos libres de enseñarle
a nadie
lo que importa.

Romance en blanco y negro – Tere Medina

Siempre a deshora me buscas,
siempre a destiempo te aguardo.
Cielo amor —cielo de luces—
este perseguirse amargo:
cuando tú estás en el cénit
yo me arropo en el ocaso.
Amanécete esta noche
de pronto, como un relámpago,
aunque nada justifique
tu orgía de besos cálidos.
Amanécete esta noche
que te estoy queriendo tanto
que se florecen de estrellas,
para ceñirte, mis brazos.
Amanécete esta noche:
mi cuerpo te está esperando
tímido de oscuridades,
fértil de caminos lácteos,
deseoso de eclipsarse
junto a la luz del amado.
¡No habrá una nube que manche
el limpio azul del abrazo!
Hasta los reinos de Dios
nos llevará el ígneo carro
y, en una boda perfecta,
nuestros fuegos enlazados,
romperemos de las horas
el ritmo absurdo, mecánico.

¡Triunfo de goce nupcial
fuera de tiempo y espacio!

Amanécete a deshora
hoy que a destiempo te aguardo.

Amor Hardcore – Lenore Kandel

A quien se reconozca en este poema
Me crees cuando te digo / eres hermoso
aquí de pie te miro a través de la visión de mis ojos
y penetro la visión de tus ojos y te veo y eres un animal
y te veo y eres divino y te veo y eres un animal divino
y eres hermoso
lo divino no está separado de la bestia; es la criatura total que
se trasciende a sí misma
el mesías que ha sido invocado ya está aquí
eres el mesías que espera renacer en la conciencia
eres hermoso; todos somos hermosos
eres divino; somos todos divinos
la divinidad se aparece en su propio reconocimiento
acepta el ser que eres e ilumínate
con tu propia y clara luz

Sepulcro de san Juan de la Cruz – María Sanz

Las hojas otoñales, en su huida,
borraron el camino
que se hizo visible a tu llegada.
Oh momento dichoso,
contemplación de todo lo creado
a la luz del sepulcro,
con arena, rocío, brisa y lumbre
como cuatro elementos
para enmarcar el fin de la materia.
Alrededor, un claro
blanquecino donaba su espejuelo
a quien vino a rendirse
ante una sencillez inagotable.
El paso de las hojas
te trazó la mañana nuevamente,
mientras tu senda desaparecía.
Oh sol inmerecido,
celebración de todo lo sagrado,
luciente tras un hombre
cuya razón de arder aún imita. 

Mujer de cada día – Pedro Casaldáliga

Mientras crece la noche, cada día
prende el Amor su llama
en tu candil de aceite desvelado,
siempre igual y creciente.
El pan de tus moliendas se cuece, cada día,
bajo el fuego tranquilo de tus ojos,
mientras crece también la madrugada.
La fuente de la plaza te entrega, cada día, su limosna
mientras le crece el corazón al mundo.

Como el ave del Tiempo vas y vienes,
de la casa a la calle, del Misterio al misterio,
muchas veces al día,
y llevas con tus pasos el compás de las horas...
Tú sabes qué es vivir a pulso lento,
sin novedad para la prensa humana.
Apenas sin distancia: la de un grito.
En esta pobre aldea que vigilan
las higueras comadres
y el centinela de un ciprés oscuro.
-¿De Nazaret va a salir algo bueno?
José viene cansado, cada noche.
Y el Niño trae el hambre entre los dedos
por undécima vez.
-¿Qué quieres, hijo?
(Las almendras se miran, asustadas de gozo,
y el plato ríe miel por todas partes).

Tú ya has dejado el huso sobre el banco dormido
y la lana suspira blancamente.
Esta mañana has ido por retama,
y te sangran las manos, en silencio,
y te huelen las manos a lejía de yerbas.
Has ordeñado luego las dos cabras sumisas,
y sabes toda a leche.
Ayer vino el siroco, y te abrasó las flores.
Hoy irrumpe el simún
como una tropa de soldados romanos,
y hay que cerrarlo todo y, con la prisa, a oscuras,
se te pierde una dracma, rescatada
del tributo de Herodes.

Si las vecinas rompen tu retiro, como gallinas locas,
tú sonríes.
Un día nace un niño, y tú lo acunas.
Y un día muere un hombre, y tú lo velas.
En la olla inservible crece un lirio morado,
y tú riegas su lenta profecía.
Nazaret se despuebla, cuando llega la Pascua,
y tú marchas con todos,
peregrina del Templo,
con Yahvé de la mano,
con un salmo en la boca.
La ruta de Israel converge en tus sandalias.
Y los caminos múltiples del mundo
arrancan de tus pies caravaneros.

Tu corazón no para, día y noche.
Día y noche recogen sus limpios cangilones
el agua de la Vida.
Y el Verbo se hace Hombre, día y noche,
delante de tus ojos,
al filo de tus manos,
detrás de tu silencio...

 

El infierno perdido – Gilberto Owen

Por el amor de una nube
de blanda piel me perdí
duermo encadenado al cielo
sin voz sin nombre sin ser
sin ser voz suena mi nombre
mas dónde sueña no sé
que se me enredó la oreja
descifrando un caracol
tras una reja de olas
lo hará burbujas un pez
mas mi boca ya no sabe
la sílaba sal del mar
sílaba de sal que salta
del mar a mis ojos sin
lágrimas que la desposen
y el frío mal traductor
mal traidor ángel del frío
roba mi nombre de ayer
y me lo vuelve sin fiebre
sin tacto sin paladar
contacto bobo del cero
grados que era su inicial
con sus tardes de ceniza
en mi lengua de alcohol
en su verde voz de llama
de menta ahogada mi voz
con su blando amor de nube
que al orden me encadenó.

Quiero que me amen con deseo – Noemí Trujillo Giacomelli

Quiero que me amen con deseo

y con lujuria,
que devoren mis lagos,
mis ríos,
mis bosques de rascacielos.
Maldita puñetera.
Sé que estoy llena de rarezas,
que vivir es amar,
sufrir y aterrarse,
que se pueden buscar caricias
en la soledad y con compañía,
que a veces incendio mi cama de afecto.
Sé que estoy muda, sorda, vieja
y llena de miedo
y hace demasiados días
que desatiendo el teléfono.
Sé que vivo llena de ansiedad
y de conflictos,
soy una rosa, una niña, una palmera.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades