El infante – Fernando Pessoa

Dios quiere, el hombre sueña, la obra nace,
Dios quiso que la tierra fuese toda una,
Que el mar uniese, ya no separase.
Te bendijo, y fuiste desvendando espuma.

Y la orla blanca fue de isla en continente,
Clareó yendo hasta el fin del mundo,
Y se vio la tierra entera, de repente,
Surgir redonda desde el azul profundo.

Quien te bendijo portugués te hizo.
Del mar y de nosotros en ti nos dio señal,
Se cumplió el Mar y el Imperio se deshizo.
¡Señor, falta que se cumpla Portugal!

Génesis – Sergio Navarro Ramírez

LOS novios se aman en su oscuridad,
solo suya, la noche de este mundo.
Les fue entregado el día en el altar
como un regalo que gozaron, prósperos
en la felicidad, hasta agotarse.
El cansancio provoca la torpeza
cariñosa con la que se desnudan,
y la piel queda como tierra abierta
donde desciende una respiración
que trae consigo primavera y lluvia.
Atrás quedan las horas solitarias,
como fragmentos de un momento pleno
que reúne por fin una presencia.

Ahora culmina tanta espera, ya,
hundidas las barreras de la carne,
los cuerpos confundidos en las sombras,
mientras celebran el advenimiento
de la tan anhelada compañía.
Ella le siente respirar, cernirse
sobre su cuerpo de tiniebla y agua.
Él fluctúa, mecido sobre un mar
que se estremece.

A mi alma – Juan Ramón Jiménez

Siempre tienes la rama preparada
para la rosa justa; andas alerta
siempre, el oído cálido en la puerta
de tu cuerpo, a la flecha inesperada.

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. De noche, estás despierta
en tu estrella, a la vida desvelada.

Signo indeleble pones en las cosas.
luego, tornada gloria de las cumbres,
revivirás en todo lo que sellas.

Tu rosa será norma de las rosas;
tu oír, de la armonía; de las lumbres
tu pensar; tu velar, de las estrellas.

Arroyo – Tomás Segovia

En la prisa de su ímpetu tiránico
No oye nada el arroyo
Desde el foso sin bordes de su propio fragor
Desde aquí arriba
Se ve el tropel de espaldas líquidas
Sin cesar arrojándose
Con la monótona constancia
De un perpetuo desorden

Esta vehemencia se abalanza
Hacia un túnel del tiempo
Que no debiera tener término

El arroyo perpetuamente empieza
Por siempre su después es otra vez ahora

¡Ah sí! resiste
No te dejes salvar por mis palabras
No cedas uno solo de tus ansiosos rasgos
A la imagen de ti
En la que te amaré luego

Te juro que estoy mirándote
Fuera de este poema
Donde corro contigo
Abrazado a un impulso y ciego a toda meta

Queriendo que mi vida igual que tú
No sepa nunca dónde acaba el tiempo.

La noche en que nos conocimos… – Camila Sosa Villada

La noche en que nos conocimos
las palabras andaban por el aire
un tropel de caballos que corrían
al desierto para morir de sed.
Suicidas de seda, kamikazes de organza.
Nos mirábamos las bocas
y buscábamos entre todos los ademanes
la oportunidad para rozarnos.
Nos olvidamos de que las palabras estaban cerca.
Las dejamos flotar como niños malcriados
sobre nuestra íntima ceremonia.
Estábamos juntos y nos decíamos linduras al oído
antes de partir en direcciones contrarias.
La despedida fue breve,
dejamos que nuestro piadoso vocabulario
tuviera su minuto de descanso.
Al llegar a casa, un dolor en la nuca
me recordó que tenía un cuerpo y,
en orden de mérito,
vos te lo merecías por completo.

Glorias de la mañana – Mary Oliver

Azul y azul oscuro
rosa y rosa profundo
blanco y rosado están

en todas partes en el laborioso
trigal alzándose y meciéndose
en su confiable

forja en el pequeño
arrojo de sus cuerpos sus
propios aparejos

atrapados en los tallos de trigo.
La historia del segador es la historia
del infinito trabajo de

tarea cuidadosa y dura pero el
segador no puede
separarlas ahí están

en la historia de su vida
brillantes fortuitas inútiles
año tras año

tomadas con las serias toneladas
malezas sin valor graciosas
bellas malezas.

EL LENGUAJE DEL AGUA – Carmen María López

LA piedad está en la lluvia: si la miras
despacio, si detienes relojes
del mundo y solo miras esta lluvia,
esta que cae ahora, arrecia y barre
la vida con su canto humedecido,
esta que lava en su misericordia
la herrumbre de las cosas,
esta que habla el lenguaje de los muertos
y te dice palabras y al decirlas
orea el aire vivo y nutre de agua la tierra,
esta que huele a luz recién nacida
y es hermosa cayendo, hermosa y vertical…

La piedad está en la lluvia.
La piedad es el lenguaje del agua.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades