GLORIA por la Palabra que mi boca
No acierta a decir nunca, mientras mi mano tiembla
O deja garabatos rotos como la nieve
Que a copos viste de niñez los montes.
Por el lucero rojo que acompaña a la luna.
Gloria a tus labios que de luz los prende.
Por el olivo cano, desde chico tan serio,
Y luego da el aceite con su risa de oro.
Por el lomo estrellado de la trucha
Igual que el manto de Merlín y es sabia,
La más sabia del río.
Gloria por el rocío y el diminuto cielo
Que deja en cada brizna.
Por la caja de música que suena los veranos:
Con el lucero, el grillo; con el sol, la chicharra.
Y dejan al oído el más secreto anhelo.
Gloria que el día a la noche pasa.
Y por todas las cosas que no sé.
Libérame Dómine – Gracia Aguilar Almendros
Libera me, Domine, de morte eterna,
in die illa tremenda
REQUIEM
SEÑOR, líbrame de la muerte eterna.
Yo que siempre creí
en un final
con azoteas luminosas,
hoy dudo.
¿Fue cierta
aquella madrugada
entre la nieve
en un país extraño?
¿Te contemplé una vez
entre las sábanas tendidas?
¿Fue cierta
la tibieza de madriguera
de mi niñez,
el cuerpo de mi hermana
junto a mi cuerpo?
¿Grité feliz
como un blanco animal
sobre una cama?
¿Escuché un día
los latidos de Ruth?
Acalla todo pensamiento, Señor,
devuélveme
el estremecimiento
ante una nuca demasiado hermosa;
dale a mi pulso
irregularidades.
Perdida estoy, Señor;
cógeme de la mano;
hazme danzar
como a un derviche;
embriágame de luz.
Insaciable – Yolanda Castaño
Recuerdos que refrigerar, madrugadas, insulina,
un vestido, dos vestidos,
verde, azul, tostado, a rayas,
una careta de plástico,
rifles en punta en las cortinas,
tres vestidos, cuatro vestidos,
una ortodoncia para los miembros fonadores,
tofu, conejitos de pascua,
una pizca de razón, coartadas rosas,
cinco, seis, siete vestidos,
eslóganes, tapones, escalas,
todos los timbres del salvoconducto,
pases, entradas, jabones tramados,
ocho vestidos, nueve vestidos,
la pastilla del ayuno, un cardo blanco, reliquias,
quince, dieciséis vestidos, una túnica, brazaletes,
debe haber un agujero en la base de todo esto
veinte, veintiséis vestidos,
tímpanos, pantallas, peldaños,
cuatro motivos, karaoke, un grito
todo precisa imperiosamente más vestidos.
Pájaro de fuego – Abelardo Linares
¿Desde qué paraíso o raro sueño
desciendes hasta mí para mirarme?
Un pájaro que canta hay en tus ojos,
de brillante plumaje y negro pico
y poderosas garras que desgarran
mi pecho con fiereza. Y canta el pájaro
al ritmo de mi sangre que se escapa
con esa misma vida que me das
cuando me hieres tú que eres mi vida.
Canta, pájaro mío, y picotea
mi corazón, tan parecido a un fruto,
cúbreme con tus alas luminosas,
estréchame sin miedo y que tu abrazo
purifique mi alma con su fuego.
Tan sólo así será mía mi vida
y aprenderé tu canto y el secreto
que un día ha de saber aquel que ama.
Poema – César Dávila Andrade
Si ahora vuelve, niégale. Preséntale a su mar.
Así, vestido ya de algún espejo, se alejará.
Hay que madurar. Oscurécete.
Si golpea, escúchale. Tiene una forma
cuando queda fuera.
La lluvia le ciñe un paisaje demoledor
y sus hierros pueden dar pan
a la mula en que pasa.
Pequeño Joven: aún no puedes
crearlo como Huésped.
Oye cómo persuaden las viejas herrerías.
Los dedos salvajes
y los salvajes meses de Marzo
son todo viento sobre su cabellera
nutrida ya de polos.
Toda resurrección te hará más solitario.
Mas, si en verdad quieres morir,
disminuir ante los pórticos,
comunicarte,
entonces ábrele.
Se llama Necesidad.
Y anda vestido de arma,
de caballo sin sueño,
de Poema.
El poeta y la rosa – Félix María de Samaniego
Una fresca mañana,
En el florido campo
Un Poeta buscaba
Las delicias de mayo.
Al peso de las flores
Se inclinaban los ramos,
Como para ofrecerse
Al huésped solitario.
Una Rosa lozana,
Movida al aire blando,
Le llama, y él se acerca;
La toma, y dice ufano:
«Quiero, Rosa, que vayas
No más que por un rato
A que la hermosa Clori
Te reciba en su mano.
Mas no, no, pobrecita;
Que si vas a su lado,
Tendrás de su hermosura
Unos celos amargos.
Tu suave fragancia,
Tu color delicado,
El verdor de tus hojas
Y tus pimpollos caros
Entre estas florecillas
Pueden ser alabados;
Mas junto a Clori bella,
Es locura pensarlo.
Marchita, cabizbaja,
Te irías deshojando,
Hasta parar tu vida
En un desnudo cabo.»
La Rosa, que hasta entonces
No despegó sus labios,
Le dijo, resentida:
«Poeta chabacano,
Cuando a un héroe quieras
Coronar con el lauro,
Del jardín de sus hechos
Has de cortar los ramos.
Por labrar su corona,
No es justo que tus manos
Desnuden otras sienes
Que la virtud y el mérito adornaron.»
Esta música – Xavier Villaurrutia
ESTA música tan sencilla
yo no sé por qué me conmueve.
Hasta los árboles se inclinan
como se inclinan cuando llueve.
Yo no quiero mirar al ciego...
Su violín es rudimentario,
pero las notas, aunque agudas,
no se han nunca desafinado.
Yo comprendo que el viejo llora,
su música lo hace sentir...
Serán sus ojos todo blanco,
no lo veo, no lo quiero oír...
Interminable la balada
que arranca del pobre violín,
interminable mi congoja.
¡Oh!, puede que no tenga fin...
Los proverbios – Roque Dalton
Donde ponga los pies el crisantemo
no crecerá el puñal.
El aire que batan las alas de los ángeles
será veneno para los tenientes.
La huella del venado en la orilla del río
desangrará las rodillas del contrabandista.
La rosa ciega a los campeones de tiro.
Al negro anónimo – Pedro Casaldáliga
Los labios gruesos del amor y el canto
no besarían más la tierra amada.
Toda la sal del mar sería llanto;
sólo muerte y exilio, la mirada.
La argolla y la blasfemia del cauterio
cancelaron tu paz, tu Dios, tu gente.
En las blancas razones del imperio
tú no eras, servías solamente.
Pero llevabas Africa en la entraña
y hacías tuya toda patria extraña
y siempre algún tambor salvó tu hora.
Carbón de libertad, diamante puro,
arde en tu sangre el fuego del futuro
hacia la prohibida negra aurora.
Yo ya he sido puta… – Rodrigo García Marina
Yo ya he sido puta
yo ya he sido hijo
yo ya he sido hogar
yo ya me he abandonado
a la generación del polvo.