Cabe la incertidumbre en un expreso
que atraviesa suburbios, maizales.
Va cortando la luz de arcilla seca,
va llevando la luz de los abrevaderos.
Este intermedio nómada que se va prolongando…
Y la extranjera que hace el viaje sola
pasa la enfermedad y los monzones.
Yace en el coche cama
cuando es la noche el recorrido ingenuo
al rapto del temblor.
Si renueva su don para el asombro
en alguna estación dejará ofrendas
en el árbol de Shiva.
Remendará la luz que arriesgó en el periplo.
Mis pechos son pequeños y mis ojos redondos. Tus piernas, largas y frías, como el agua de la fuente. Te mordisqueo el cuello, lo tienes firme, inmaduro aún, como una nuez recién caída. Te pones arriba y me besas el vientre, húmedas olas por toda mi piel, ahora aquí, ahora allá, como las primeras gotas que caen antes de que descargue la tormenta: pla, pla, pla.
Nos quedamos dormidos, pecho y espalda se cierran como unos labios tras un suspiro.
Los ojos de esta dama muerta me hablan,
porque en ellos estuvo el amor, y no fue posible ahogarlo.
Y en ese cuerpo el deseo, que no pudo ser borrado
con besos.
Los ojos de esta dama muerta me hablan.
Deípara, paridora de Dios. Suave
la giba del engaño para ser
tuvo que aislar el trigo del ave,
el ave de la flor, no ser del querer.
El molino, Deípara, sea el que acabe
la malacrianza del ser que es el romper.
Retuércese la sombra, nadie alabe
la fealdad, giba o millón de su poder.
Oye: tú no quieres crear sin ser medida.
Inmóvil, dormida y despertada, oíste
espiga y sistro, el ángel que sonaba,
la nieve en el bosque extendida.
Eternidad en el costado sentiste
pues dormías la estrella que gritaba.
confía en ti, se dijo, y sintió que volvía la frase, confía en la gracia, eso que está en ti, la nada y el miedo que hay en ti te ayudarán, y la fatiga, que la energía vaya a menos, que para quienes quieres sea leve, la gracia te ayudará.
Nindirí es una ciudad sin casas y sin calles.
Desde lejos sólo se miran las cúpulas de sus árboles.
En vez de cuadras con casas son huertas y jardines;
y sus calles sin aceras, como caminos simétricos
entre fachadas de flores y de árboles frutales.
Las casas están adentro, entre los huertos.
Unas cuantas en cada cuadra: casas de paja
o de madera pintada —blancas, rosadas y azules—
entre las veraneras rojas y moradas
y las primorosas rosadas y blancas,
jazmines-del-cabo, jalacates, jilinjoches,
papayas, mameyes, malinches y guayabas
y ropas rosadas y blancas tendidas a secar.
En las ramas hablan loras, verdes como las hojas,
y lapas con los colores de un ramillete de flores.
En las calles mojadas hay pétalos regados.
Y no hay más tráfico en ellas que el de las gallinas,
las mariposas que han sido atraídas por Nindirí
y las carretas de los vendedores de agua.
De tarde sale de las chozas el humo de la cena
con el rumor de las mujeres moliendo maíz
o palmeando las tortillas, y alguna guitarra.
(En uno de estos huertos, entre los malinches,
tendría su palacio el cacique Tenderí,
su dorado palacio de paja, con pisos de petate
donde él se sentaba rodeado de su corte
a beber chocolate en jícaras labradas
y cincuenta muchachas le hacían las tortillas.)
La plaza es como un bosque de palmeras y mangos
y malinches que cuando florecen son como llamaradas,
como si hubiera muchos incendios en el pueblo.
Los caballos y los burros pastaban en la plaza.
Y recuerdo que había una primorosa blanca
en mitad de la fachada de la iglesia.
Los sábados ponían banderas rojas en las casas
donde mataron chancho y venden nacatamales.
—Y de pronto me he acordado que estamos en junio
y que allá en Nindirí ya llegaron las lluvias,
y me imagino la plaza con los malinches en flor.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.