a la señora le parece que la cura podría hallarse en una imitación aproximada.
por supuesto: prohibidos los espejos; dentro y fuera.
nada de detenerse
a quebrarle la cáscara a tan precaria nuez.
si le fuera posible,
buscaría financiación pidiendo un crédito
o por medio de un crowdfunding fraudulento.
si de algo está segura
es de que el universo no va a proporcionarle patrocinio
ni a honrarle con la vista de todas sus peonzas
centrifugando unísonas.
por el contrario, teme
que su único aporte consista en unas risas enlatadas
cuando ella se resbale en una roca,
cuando pase los tres primeros días
magullada en urgencias.
así que de momento, para siempre,
se conforma tejiendo tiritas discursivas,
escribiendo secretos en recibos
que introduce en toperas y otros huecos.
y luego, cada noche,
se acuesta unos minutos más temprano,
la huida, cada noche,
un poco más temprano.
era cuestión de tiempo. o no es cuestión de tiempo. si lo piensas;
todo podría serlo.
optemos por llenar el recipiente
con algo más que aire.
durante años mi mente
en modo magnetófono
rastreando cualquier señal acústica,
amplificándola
para abrirle las tripas igual que a una madrilla
de hojalata
y entender cada pieza.
la canción titulada: es que no sé pensar de otra manera
acabó perpetuándose en hilo musical
y como resultado:
los poemas ungüento.
la poesía vórtice.
escribir para hallar el origen del ruido
e hilar un par de ideas consecuentes
que puedan parecer las de los otros.
tantas excavaciones, tantas palabras baba
formando una gran bola pegajosa de chicle.
tengo un callo en la encía. en el labio. de tanto.
hasta que, por sorpresa, alguien coge mis hombros
y me gira hacia afuera para que yo lo vea
entero, como un río.
y, teniendo en cuenta que no soy un castor,
el alivio me alcanza de inmediato.
Poesía de todas la épocas y nacionalidades