Ésas, las otras – Julia Santibáñez

Las cosas insustituibles
son las que nunca tuve,
cuyos bordes no acaricié distraída
por soberbia de costumbre,
como ese collar de plata que jamás fue mío.
De noche a veces me despierta
el murmullo abrumador de las ausentes,
su no estar meticuloso que evoca
en negativo
a quien pude haber sido con su aliento,
a la que sería con su rutina.

Contrapicado – Diego Medina Poveda

Desde la Tour de la Bretagne de Nantes

Abajo la ciudad nos contemplaba
en un contrapicado fastuoso
urdida en la corteza de las calles,
éramos esta vez
nosotros los gigantes y vigías del abismo.

No había edificio que pudiera
vencer la altura inmensa de sus ojos,
urbanas aves
que posan el deseo en ascensores
y suben por encima de las tardes.

Fundida al horizonte, recuerdo su sonrisa,
trémula por la luz que claudicaba,
y el rayo verde – al fin nuestra esperanza
encendida en la lumbre de una estrella
se desplomaba astuta en la certeza
de la sangre caliente y de las bocas.

Dos cuerpos que habían conquistado
el tiempo y su metrópoli
se besaban de noche vencedores
de la hora incesante,
del tráfico perpetuo de los días.

Abajo la ciudad les contemplaba
perdidos en la cumbre de las lámparas:
más alto era el amor que los tejados.

PLANTEAMIENTO, DESNUDO Y DESENLACE – Luis García Montero

La juventud se llena con botellas vacías.
Hace falta beber y hacen falta botellas
para escribir mensajes
que den sentido al mar.

Todo nos pertenece,
porque todo es asunto de mañana,
la luz solar, la luz conspiradora,
el sueño de los sueños incumplidos
y la ley de las cosas irreales.

Es normal lo que pasa. Pasa el tiempo.
Lo que es envidiable suele ser envidiado.

Porque bebí hasta el fondo de mi alma,
escribiendo mensajes de letra impertinente
para agotar la tinta que me dieron,
soporté enemistades, ojos turbios
parecidos al óxido,
el frío de los barcos que no salen al mar,
aparejos que viven para infectar heridas.

Me consoló el desnudo de tu cuerpo.
Me consuela el amor
cuando la ausencia arde lo mismo que unos brazos
y el pensamiento es vida porque tiene
el sabor de una piel.
En tu desnudo viven realidad y deseo.

Mientras pasan los años
cultivo tu desnudo. Admito que el amor
es una impertinencia que desafía al tiempo.
Nada nos pertenece, ya lo sé,
ni siquiera la letra envejecida
que se cansa en los últimos mensajes,
ni siquiera el ejército de botellas oscuras
que ahora huelen a frascos de farmacia.

Si no soy mi enemigo,
si mi rencor no envidia más que nadie
todo lo que yo era,
todo lo que se pierde
en la raya de luz del horizonte,
todo lo que me falta
cuando pienso en mí mismo con los pies en la tierra,
es porque tu desnudo dignifica
una tarde de invierno,
el óxido que quema
y el cuerpo que envejece entre mis manos.

La vida no compensa de la muerte
si no es porque el amor le dio sentido al tiempo.
A pesar de mi edad
no consigo cuidarme.

A propósito de Eros – Raquel Lanseros

De todas las terrenas servidumbres
que aprisionan mi afán en esta cárcel
me confieso deudora de la carne
y de todos sus íntimos vaivenes
que me hacen más feliz
y menos libre.
 

A veces, sin embargo,
la esclavitud se muestra soberana
y me siento señora del destino.
Porque sé amar, porque probé la fruta
y no maldije nunca su sabor agridulce.
porque puedo ofrecer mi corazón intacto
si el camino se digna requerirlo,
porque resisto en pie, con humilde firmeza,
el rigor de este fuego que enloquece.
 

En este fragor mudo en el que todos somos
rufianes, vagabundos, desposeídos y presos
no existen vencedores ni vencidos
y mañana no arrienda la ganancia de ayer.
 

Que no entre en la batalla quien sucumba
ante el rencor pequeño de las humillaciones.
Sabed, son necesarias descomunales dosis
de grandeza de espíritu y coraje
en las lides calladas de la pasión humana.

 
La recompensa, en cambio, es sustanciosa.
Ser súbdito tan sólo de la naturaleza,
no temer a la muerte ni al olvido,
no aceptarle a la vida una limosna,
no conformarse con menos que todo.

 

Sabana de injusticia – Ana María Iza

Quemó sus naves timbró su hora de salida sin retro sin retroacción sin disyuntivas A veces se prolongan los restos del naufragio sin un negocio de baratijas Si todas las mujeres vendieran y compraran otro gallo cantaría la cartilla De todos modos las gardenias marcan sus hitos entre las cordilleras de la sabana de la injusticia Verídica la sal pis0teada por impúdicas leoninas El hielo taladre sus talones mantenga a raya sus cenizas El Bajo Beirut le invada sin armisticios.

Canción de amor – Alberto Girri

Aquí yazgo pensando en ti:

¡La mancha del amor
se extiende sobre el mundo!
¡Amarilla, amarilla, amarilla
roe las hojas,
unta con azafrán
las cornígeras ramas que se inclinan
pesadamente
contra un liso cielo púrpura!
No hay luz,
sólo una espesa mancha de miel
que gotea de hoja en hoja
y de rama en rama
desluciendo los colores
del mundo entero;

¡tú allá lejos
bajo el rojo zumo del oeste!

Sobran las palabras – María Mercedes Carranza

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

Poema de vigilia – Serafina Núñez

Escribo en la noche susurrante y ajena,
en esta calle mía agresiva y ruidosa
como plaza de Roma colmada de peregrinos espectaculares
y comerciantes pregoneros.
-El sueño es un ciervo que huye en lentos espirales-
Escribo en esta noche incitante y extraña;
a mi lado el color feliz de la quimera,
besa mis párpados,
araña las paredes,
penetra los poros,
se pierde en altos cielos…

Escribo en esta noche de inesperados laberintos:
en su penumbra,
como ascuas, espejos vigilándonos,
los rostros de los amados muertos,
los rostros de los vivos,
los innumerables rostros de la vida
y sus variados universos.
Escribo en esta noche lenta, envolvente como una profecía,
en la infinita vigilia de sus astros…
Mis palabras habitan la soledad.