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Tu voz – Mariana Bernárdez

Tu voz
Vibración de espacio sellado
no me ata a la luz de la noche
Nada dice del viaje
por los siete cielos
ni sobre los círculos del mar
Distante como erupción de diáspora
batalla para unir las puntas de la hora

Los pies no se han desprendido
pero los ojos hace mucho pisaron
las arenas de Odiseo
y en el vuelo las sirenas fueron cómplices
Edipo oráculo
y Delphos sólo rastro de «lirio»

Tensas la cuerda
para elevarte en canto
y en un fragmento de aire
te echas a cuesta los montes
Desgastadas tus sandalias
me preguntas si el amor
fue algún día nuestro

Entonces recuerdo los ojos de Helena
y el oro de una manzana
convertido en moneda de cobre
con la cual compraste la muralla de Troya.

Veinte de abril – Carlos Álvarez

En esta geografía de presidios,
y a través
de la crónica amarga de torturas,
lentos
caminos desbrozando el horizonte,
sucios
asesinatos a la luz del alba
donde terminan nuestros hombres,
–donde nace
también nuestra leyenda– no resulta
posible,
Julián, mi noble hermano,
predecir
en qué lugar nos llegará el futuro
más inmediato… (el otro siempre es nuestro.)
Yo no sé
si cambiaré un paisaje al aire libre
con árboles y cielo y sol de estío
por un estrecho marco de silencio,
de sombras,
de lucha renovada…
Por eso, si ocurriera
que mi voz no estuviera con tu nombre
en los labios
cuando un veinte de abril hecho marea
de sangre y de dolor nos vuelva el llanto
de España en tus heridas, imagina
que tengo amordazados los latidos;
que algún muro
sujeta mis palabras; que me encuentro
más cerca de los míos que otras veces,
Julián, campo de espigas…
defi nitivo mártir de la patria.

Cuando te contemplé ya estaba muerto… – Juan Eduardo Cirlot

Cuando te contemplé ya estaba muerto,
muerto como las hierbas, aunque crecen,
como los mares muertos, que son rocas.

Sólo lo que es eterno está en la vida,
aunque lo blanco eleva su belleza
sobre las formas grises de lo negro.

Y simula existir donde el no ser
extiende sus certezas transitorias:
Bronwyn, tu claridad no eternamente.

Contemplo entre las aguas del pantano… – Juan Eduardo Cirlot

Contemplo entre las aguas del pantano
la celeste blancura de tu cuerpo
desnuda bajo el campo de las nubes
y circundada por el verde bosque.

No muy lejos el mar se descompone
en las arenas grises, en las hierbas.
Manos entre las piedras con relieves
y tus ojos azules en los cielos.

Las alas se aproximan a las olas
perdidas en las páginas del fuego.
Bronwyn, mi corazón, y las estrellas
sobre la tierra negra y cenicienta.

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo… – Juan Eduardo Cirlot

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo
la celeste blancura del pantano
desnudo bajo el campo con relieves
y circundado por el verde fuego.

No muy lejos el mar y las estrellas
en las arenas grises de las nubes.
Manos entre las piedras con las olas
y tus ojos azules en las hierbas.

Las alas se aproximan. Descomponen,
perdidas en las páginas del bosque,
Bronwyn, mi corazón, y cenicienta
sobre la tierra negra y en los cielos.