Archivo de la categoría: Poesía norteamericana

El beso – Anne Sexton

Mi boca florece como una herida.
He estado equivocada todo el año, tediosas
noches, nada sino ásperos codos en ellos
y delicadas cajas de Kleenex, llamando llora bebé
¡llora bebé, tonto!

Antes de ayer mi cuerpo estaba inútil.
Ahora está desgarrándose en sus rincones cuadrados.
Está desgarrando los vestidos de la Vieja Mary, nudo anudo
y mira, ahora está bombardeada con esos eléctricos cerrojos.
¡Zing! ¡Una resurrección!

Una vez fue un bote, bastante madera
y sin trabajo, sin agua salada debajo
y necesitando un poco de pintura. No había más
que un conjunto de tablas. Pero la elevaste, la encordaste.
Ella ha sido elegida.

Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
los tambores, las cuerdas están tocando irremediablemente. Tú hiciste esto.
Puro genio trabajando. Querido, el compositor ha entrado
al fuego.

La zambullida – Ezra Pound

Querría bañarme en extrañeza:
estas comodidades amontonadas encima de mí,
me asfixian!
¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo,
amigos nuevos, caras nuevas y lugares!
Oh, estar lejos de todo esto,
esto que es todo lo que quise…salvo lo nuevo.
¡Y tú, amor, la que mucho, la que más he deseado!
¿Acaso no me repugnan todas las paredes,
las calles, las piedras,
todo el barro, la bruma, toda la niebla,
todas las clases de tráfico?
A ti, yo te querría
fluyendo encima de mí como el agua,
¡oh, pero fuera de aquí!
Hierba y praderas y colinas y sol
¡oh, suficiente sol!
¡Lejos y a solas, en medio de gente extraña!

Temores – Sylvia Plath

Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo:
infinita, verdad, intocablemente intocable.
Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente, en indiferencia también.
Mi medio son.
El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose de sus luces.

Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta.
¿C6mo salir de la mente?
Los pasos a mi zaga concéntranse en un pozo.
Este mundo carece de árboles y de pájaros,
solo hay agrura en él.

La pared roja no hace más que sobresaltarse:
un puño rojo se abre y se cierra,
dos papelosas bolsas grises:
he aquí mi materia, bueno: y terror también
a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.

Irreconocibles pájaros en una pared negra:
torciendo el cuello.
¡Esos sí que no hablan de inmortalidad!
Dos frías balas muertas se nos aproximan:
con mucha prisa vienen.

Skin – Ursula K. Le Guin

“All around us is the skin,
helping keep our bodies in.”

I’ve known that poem sixty years.
There’s more to it than first appears.

If we were skinless, like a cloud,
would we not mingle with the crowd?

Would not our little bodies be
more boundless even than the sea,

and gaseous as the atmosphere?
Would we be there as well as here?

Would I be you, and you be me,
and both of us mere entropy?

The two it takes to tango need
to be discrete, not just discreet.

The skin, however, does have holes
for letting in and out our souls,

our food, and such necessities.
It is designed to serve and please.

It washes well, but with the years
gets wrinkles, little spots and smears,

and somehow doesn’t seem to fit
as seamlessly as once as it did.

But still it is my nomad’s tent,
my shelter, my integument,

the outside of myself, this thin,
seemingly superficial skin,

that hems me neatly all about,
keeping foreign bodies out,
and keeping me, a while yet, in.

La tigresa – Charles Bukowski

terribles discusiones.
y, al cabo, tranquilamente tumbado
en su amplia cama
que tiene una
colcha roja con bonitos dibujos de flores,
la cabeza el vientre hacia abajo
la cabeza ladeada
rociado por la luz que deja pasar la persiana
mientras ella se baña en silencio en la
otra habitación,
es superior a mis fuerzas,
como la mayoría de las cosas,
escucho música clásica en la pequeña radio,
ella se baña, oigo el chapoteo en el agua.