Archivo de la categoría: Poesía norteamericana

Espejo – Sylvia Plath

Soy plateado y exacto. No tengo ideas preconcebidas.
Cualquier cosa que veo la engullo inmediatamente
Tal y como es, sin rastro de amor ni desprecio.
No soy cruel, sino sincero-
El ojo de un pequeño dios, con cuatro esquinas.
La mayor parte del tiempo medito sobre la pared de enfrente.
Es rosa, con motas. La he mirado durante tanto tiempo
Que la siento parte de mi corazón. Pero ella parpadea.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi alcance lo que realmente es.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y temblor de manos.
Soy importante para ella. Viene y va.
Cada mañana su rostro reemplaza la oscuridad.
En mí ha ahogado a una muchacha, y en mí una vieja
Se eleva hacia ella día tras día, como un terrible pez.

Soñando pechos – Anne Sexton

Madre,
extraño rostro de una diosa
sobre mi casa de leche,
el delicado asilo,
te consumí.
Toda mi necesidad te
tragó como una comida.

Lo que dabas
lo recuerdo en un sueño:
los brazos con las pecas me agobiaban,
la risa en algún sitio sobre mi gorro de lana,
los dedos sangrientos atando mis zapatos,
los pechos colgando como dos murciélagos
y después lanzados sobre mí,
agachándome.

Los pechos que conocí a medianoche
golpean en mí ahora como el mar.
Madre, meto abejas en mi boca
para evitar tragar
pero eso no te sirve de nada.
Al final te cortaron los pechos
y corrió leche de ellos
en la mano del cirujano
y él los abrazó.
Yo los tomé
y los planté.

Yo he puesto un candado
a tu alrededor, madre, querida muerta humana,
y tus grandes campanas,
los queridos ponis blancos,
pueden irse a galopar, galopar,
estés donde estés.

LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLITARIA – Anne Sexton

El final de la historia es siempre la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mi yo, mi aliento
encuentra tu ausencia. Asusto
a los que se quedan. Estoy harta.
A la noche, sola, me caso con la cama

Dedo por dedo, ella ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La toco como una campana. Me recuesto
en la enramada donde la solías montar.
Me tomabas sobre la colcha de flores.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Por ejemplo esta noche, mi amor,
que todas las parejas se unen
en una volteada conjunta, arriba y abajo,
el dúo abundante en esponja y pluma,
empujando de rodillas, cabeza a cabeza.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Así escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto.¿Puedo
exhibir el mercado de los sueños?
Me abro. Me crucifico.
Mi ciruelita le decías.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Después llegó mi rival de ojos negros.
La dama del agua, alzándose en la playa,
con un piano en la punta de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Y pasé a ser la escoba vieja.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Te arrebató como se arrebata
un vestido de oferta del perchero
y yo me quebré como lo hacen las piedras.
Te devuelvo tus libros y las cañas de pescar.
El diario de hoy dice que se casaron.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Chicos y chicas esta noche son uno.
Desabrochan blusas. Bajan cierres.
Se sacan los zapatos. Apagan la luz.
Los seres que brillan están llenos de mentiras.
Se comen unos a otros. Comen de más.
A la noche, sola, me caso con la cama.