Archivo de la categoría: Poesía Chilena

Vergüenza – Gabriela Mistral

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje el río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan,
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mí frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano…

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!

Balada de lo que no vuelve – Vicente Huidobro

Venía hacia mí por la sonrisa
Por el camino de su gracia
Y cambiaba las horas del día
El cielo de la noche se convertía en el cielo del amanecer
El mar era un árbol frondoso lleno de pájaros
Las flores daban campanadas de alegría
Y mi corazón se ponía a perfumar enloquecido

Van andando los días a lo largo del año
¿En dónde estás?
Me crece la mirada
Se me alargan las manos
En vano la soledad abre sus puertas
Y el silencio se llena de tus pasos de antaño
Me crece el corazón
Se me alargan los ojos
Y quisiera pedir otros ojos
Para ponerlos allí donde terminan los míos
¿En dónde estás ahora?
¿Qué sitio del mundo se está haciendo tibio con tu presencia?
Me crece el corazón como una esponja
O como esos corales que van a formar islas
Es inútil mirar los astros
O interrogar las piedras encanecidas
Es inútil mirar ese árbol que te dijo adiós el último
Y te saludará el primero a tu regreso
Eres sustancia de lejanía
Y no hay remedio
Andan los días en tu busca
A qué seguir por todas partes la huella de sus pasos
El tiempo canta dulcemente
Y si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi paso
Sienten una ternura que les ensancha el alma
Se hacen señas furtivas y hablan bajo:
Allí se acerca el buen amigo
El hombre de las distancias
Que viene fatigado de tanta muerte al hombro
De tanta vida en el pecho
Y busca donde pasar la noche

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías
Atrás quedaron los negros nubarrones
Los años de tinieblas en el antro olvidado
Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis
Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino
Ya no hay banalidades en mi vida
¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquellos que cayeron
Disparad contra mí vuestros dardos
Vengad en mí vuestras angustias
Vengad en mí vuestros fracasos
Yo soy invulnerable
He tomado mi sitio en el cielo como el silencio

Los siglos de la tierra me caen en los brazos
Yo soy amigos el viajero sin fin
Las alas de la enorme aventura
Batían entre inviernos y veranos
Mirad cómo suben estrellas en mi alma
Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido

¿Cómo podremos entendernos?
Heme aquí de regreso de donde no se vuelve
Compasión de las olas y piedad de los astros
¡Cuánto tiempo perdido! Este es el hombre de las lejanías
El que daba vuelta las páginas de los muertos
Sin tiempo sin espacio sin corazón sin sangre
El que andaba de un lado para otro
Desesperado y solo en las tinieblas
Solo en el vacío
Como un perro que ladra hacia el fondo de un abismo

¡Oh vosotros! ¡Oh mis buenos amigos!
Los que habéis tocado mis manos
¿Qué habéis tocado?
Y vosotros que habéis escuchado mi voz
¿Qué habéis escuchado?
Y los que habéis contemplado mis ojos
¿Qué habéis contemplado?

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?

Los árboles lloran un pájaro canta inconsolable
Decid ¿quién es el muerto?
El viento me solloza
¡Qué inquietudes me has dado!
Algunas flores exclaman
¿Estás vivo aún?
¿Quién es el muerto entonces?
Las aguas gimen tristemente
¿Quién ha muerto en estas tierras?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco la palabra que aman los muertos
Este es el que ha llorado el mundo el que ha llorado resplandores

Las lágrimas se hinchan se dilatan
Y empiezan a girar sobre su eje
Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos
Hay tantos muertos que me llaman
Allí donde la tierra pierde su ruido
Allí donde me esperan mis queridos fantasmas
Mis queridos espectros
Mirad me os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
El mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Vuestro tiempo y vuestro espacio
No son mi espacio ni mi tiempo
¿Quién es el extranjero? ¿Reconocéis su andar?
Es el que vuelve con un sabor de eternidad en la garganta
Con un olor de olvido en los cabellos
Con un sonar de venas misteriosas
Es este que está llorando el universo
Que sobrepasó la muerte y el rumor de la selva secreta
Soy impalpable ahora como ciertas semillas
Que el viento mismo que las lleva no las siente
Oh Poesía nuestro reino empieza

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
Ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo ha que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!

Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo del murmullo de los vientos
Al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte
Oh hermano nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar

A UNA DESCONOCIDA EN EL UNDERGROUND DE LONDRES – Claudio Bertoni

No te has vestido
aún andas en salto de cama
escobillando tu pelo frente al espejo
humea un cigarrillo en tu velador
la brisa mueve gentilmente las cortinas de gasa en tu pieza
el calor de tus sábanas
las plumas de tu almohada
el sueño de tus ojos
el lánguido despertar doloroso
es no haber andado a pies pelados
en el choapino junto a tu cama
es no haber tomado cerveza contigo en cama
es no haber embocado mis calzoncillos
desde la misma en el respaldo de la silla
es no haberte levantado con zapatillas
de taco terraplén y penachito bermellón en el empeine
es no haber amanecido juntos encima de mi frazada
como dos panes con mantequilla el sábado a las tres de la tarde
la historia de Los Beatles en la BBC 2
tú y yo en pijama
todavía desesperados fumando como chimeneas
tú restregándote las manos como una posesa
y yo sentado al borde de la cama
tomándome la cabeza cinematográficamente a dos manos
genuinamente desesperado
abriendo las ventanas en un arranque de angustia
y respirando como si nuestra pieza fuera una pecera
ahogados de amor no correspondido
inundados de amor sexual frustrado
sofocados de amor y de la falta de ese amor
condenados a vagar eternamente en nuestro departamento
y a dejarnos hipnotizar por el dorado resplandor de los veladores
y el plateado resplandor de las zapatillas de levantarse
y el aire como humo de incienso espeso y rojo
mezclado a otras sedas soles y ponientes siena
venidos de China y las pinturas pop Hare Krishna inglesas.

El poeta y la muerte – Nicanor Parra

A la casa del poeta
llega la muerte borracha
ábreme viejo que ando
buscando una oveja guacha

Estoy enfermo – después
perdóname vieja lacha

Ábreme viejo cabrón
¿o vai a mohtrar I’hilacha?
por muy enfermo quehtí
teníh quiafilame I’hacha

Déjame morir tranquilo
te digo vieja vizcacha

Mira viejo dehgraciao
bigoteh e cucaracha
anteh de morir teníh
quechame tu güena cacha

La puerta se abrió de golpe:
Ya – pasa vieja cufufa
ella que se le empelota
y el viejo que se lo enchufa

Epitafio – Nicanor Parra

 

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa
Hijo mayor de un profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca del ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo detonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

En el cementerio – Nicanor Parra

Este es el cementerio
Ve como van llegando las carrozas?

En Santiago de Chile
Nosotros tenemos dos cementerios
Este es el Cementerio General,
El otro es el Cementerio Católico.
Tome nota de todo lo que ve.

Mire por esa reja:
Esas cajas se llaman ataúdes
Los ataúdes blancos
Son para los cadáveres de niños
Reconoce esos árboles oscuros?

-Si no me equivoco se llaman cipreses.

-Perfectamente bien:
Esos árboles negros son cipreses.

-Qué le parecen los nichos perpetuos?

-Qué es un nicho perpetuo?
-Cómo que qué es un nicho perpetuo?

Lo contrario de nicho temporal.

Este es nicho perpetuo,
Esos otros son nichos temporales.

Ahí viene llegando otra carroza.
Mire como descargan las coronas
Si desea podemos acercarnos
Esa mujer cubierta con un velo
Tiene que ser la viuda del difunto:
Mírela como llora amargamente.

Las mujeres nerviosas
No deberían ir a los entierros:
Mírela como llora amargamente
Mire como se mesa los cabellos,
Ve como se retuerce de dolor?
Vamos ahora a ver los mausoleos.

Le gustaría ver los mausoleos?

-Yo no sé lo que son los mausoleos.

-Yo se los mostraré
Pero tenemos que andar más ligero,
En este mes oscurece temprano
Para no perder tiempo
Haga el favor de repetir la frase
Esos árboles negros son cipreses.

-Esos árboles negros son cipreses.

Tiene que repetirla varias veces
Hasta que se la aprenda de memoria.

-Esos árboles negros son cipreses
-No pronuncie la ce.

Los españoles pronuncian la ce,
Recuerde que está en Chile:
No pronuncie la zeta ni la ce.
Bueno, volvamos a nuestra lección
Esas pequeñas casas
Son las habitaciones de los muertos.
En español se llaman mausoleos.
Unos parecen kioskos
Otros parecen puestos de revistas.
– Pareciera que fuesen
Casas para jugar a las muñecas,
Pero son los palacios de los muertos.
En español se llaman mausoleos.
unos parecen kioskos
Otros parecen puertos de revistas.
Pareciera que fuesen
casas para jugar a las muñecas,
Pero son los palacios de los muertos.

Mire esas nubes negras.
Debemos retirarnos
Antes que se nos haga de noche:
El cementerio lo cierran temprano.