Archivo de la categoría: Poesia española

Esta imagen de ti – José Ángel Valente

Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.

Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.

Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.

Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.

Veinte de abril – Carlos Álvarez

En esta geografía de presidios,
y a través
de la crónica amarga de torturas,
lentos
caminos desbrozando el horizonte,
sucios
asesinatos a la luz del alba
donde terminan nuestros hombres,
–donde nace
también nuestra leyenda– no resulta
posible,
Julián, mi noble hermano,
predecir
en qué lugar nos llegará el futuro
más inmediato… (el otro siempre es nuestro.)
Yo no sé
si cambiaré un paisaje al aire libre
con árboles y cielo y sol de estío
por un estrecho marco de silencio,
de sombras,
de lucha renovada…
Por eso, si ocurriera
que mi voz no estuviera con tu nombre
en los labios
cuando un veinte de abril hecho marea
de sangre y de dolor nos vuelva el llanto
de España en tus heridas, imagina
que tengo amordazados los latidos;
que algún muro
sujeta mis palabras; que me encuentro
más cerca de los míos que otras veces,
Julián, campo de espigas…
defi nitivo mártir de la patria.

Cuando te contemplé ya estaba muerto… – Juan Eduardo Cirlot

Cuando te contemplé ya estaba muerto,
muerto como las hierbas, aunque crecen,
como los mares muertos, que son rocas.

Sólo lo que es eterno está en la vida,
aunque lo blanco eleva su belleza
sobre las formas grises de lo negro.

Y simula existir donde el no ser
extiende sus certezas transitorias:
Bronwyn, tu claridad no eternamente.

Contemplo entre las aguas del pantano… – Juan Eduardo Cirlot

Contemplo entre las aguas del pantano
la celeste blancura de tu cuerpo
desnuda bajo el campo de las nubes
y circundada por el verde bosque.

No muy lejos el mar se descompone
en las arenas grises, en las hierbas.
Manos entre las piedras con relieves
y tus ojos azules en los cielos.

Las alas se aproximan a las olas
perdidas en las páginas del fuego.
Bronwyn, mi corazón, y las estrellas
sobre la tierra negra y cenicienta.

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo… – Juan Eduardo Cirlot

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo
la celeste blancura del pantano
desnudo bajo el campo con relieves
y circundado por el verde fuego.

No muy lejos el mar y las estrellas
en las arenas grises de las nubes.
Manos entre las piedras con las olas
y tus ojos azules en las hierbas.

Las alas se aproximan. Descomponen,
perdidas en las páginas del bosque,
Bronwyn, mi corazón, y cenicienta
sobre la tierra negra y en los cielos.

¡Granados en cielo azul! – Juan Ramón Jiménez

¡Granados en cielo azul!
¡Calle de los marineros;
qué verdes están tus árboles,
qué alegre tienes el cielo!

¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—ojo gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno!— .

La mujer canta a la puerta:
«¡Vida de los marineros;
el hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!».

—¡Virjen del Carmen, que estén
siempre en tus manos los remos;
que, bajo tus ojos, sean
dulce el mar y azul el cielo!—

… Por la tarde, brilla el aire;
el ocaso está de ensueños;
es un oro de nostaljia,
de llanto y de pensamiento.

—¡Como si el viento trajera
el sinfín y, en su revuelto
afán, la pena mirara
y oyera a los que están lejos!

¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—la blusa azul, y la cinta
milagrera sobre el pecho!—.

¡Granados en cielo azul!
¡Calle de los marineros!
¡El hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!