Archivo de la categoría: Premio Príncipe de Asturias

Entonces – Ángel González

Entonces,
en los atardeceres de verano,
el viento
traía desde el campo hasta mi calle
un inestable olor a establo

y a hierba susurrante como un río

que entraba con su canto y con su aroma
en las riberas pálidas del sueño.

Ecos remotos,
sones desprendidos
de aquel rumor,
hilos de una esperanza
poco a poco deshecha,
se apagan dulcemente en la distancia:

ya ayer va susurrante como un río

llevando lo soñado aguas abajo,
hacia la blanca orilla del olvido.

Ella – Anne Carson

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.
Yo viajo en trenes todo el día y llevo muchos libros –
unos para mi madre, algunos para mí
que incluyen Las obras completas de Emily Brontë.
Es mi autora favorita.
También mi principal temor, al que trato de enfrentarme.
Cada vez que visito a mi madre
siento que me convierto en Emily Brontë,
mi vida solitaria a mi alrededor como un páramo,
mi torpe cuerpo recortándose sobre los barrizales con una apariencia de transformación
que muere cuando atravieso la puerta de la cocina.
¿Qué cuerpo es ese, Emily, que nosotras necesitamos?

Nuevo día – Claudio Rodríguez

Después de tantos días sin camino y sin casa
y sin dolor siquiera y las campanas solas
y el viento oscuro como el del recuerdo
llega el de hoy.

Cuando ayer el aliento era misterio
y la mirada seca, sin resina,
buscaba un resplandor definitivo,
llega tan delicada y tan sencilla,
tan serena de nueva levadura
esta mañana…

Es la sorpresa de la claridad,
la inocencia de la contemplación,
el secreto que abre con moldura y asombro
la primera nevada y la primera lluvia
lavando el avellano y el olivo
ya muy cerca del mar.

Invisible quietud. Brisa oreando
la melodía que ya no esperaba.
Es la iluminación de la alegría
con el silencio que no tiene tiempo.
Grave placer el de la soledad.
Y no mires el mar porque todo lo sabe
cuando llega la hora
adonde nunca llega el pensamiento
pero sí el mar del alma,
pero sí este momento del aire entre mis manos,
de esta paz que me espera
cuando llega la hora
-dos horas antes de la media noche-
del tercer oleaje, que es el mío.

España en el Sueño – Carlos Bousoño

A Carmen Braga

Desde aquí yo contemplo, tendido, sin memoria
el campo. Piedra y campo, y cielo, y lejanía.
Mis ojos miran montes donde sembró la historia
el dulce sueño amargo que sueñan todavía.

Pero el amor fundido en piedra, día a día;
pero el amor mezclado con monte, o con escoria,
es duradero y te amo, oh patria, oh serranía
crespa, que te levantas, bajo el cielo, ilusoria.

Campos que yo conozco, cielos donde he existido;
piedras donde he amasado mi corazón pequeño;
bosques donde he cantado; sueños que he padecido.

Os amo, os amo, campos, montañas, terco empeño
de mi vivir, sabiendo que es vano mi latido
de amor. Mas te amo, patria, vapor, fantasma, sueño.

Tú siempre tan bailón, corazón mío… – Claudio Rodríguez

Tú siempre tan bailón, corazón mío,
¡métete en fiesta; pronto,
antes de que te quedes sin pareja!
¡Hoy no hay escuela! ¡al río,
a lavarse primero,
que hay que estar limpios cuando llegue la hora!

Ya están ahí, ya vienen
por el raíl con sol de la esperanza
Veo que no queréis bailar conmigo
y hacéis muy bien. Si hasta ahora
no hice más que pisaros, si hasta ahora
no moví al aire vuestro
hombres de todo el mundo. Ya se ponen
a dar fe de su empleo de alegría.

¿Quién no esperó la fiesta?
¿Quién los días del año
no los pasó guardando bien la ropa
para el día de hoy? Y ya ha llegado.
Cuánto manteo, cuánta media blanca,
cuánto refajo de lanilla, cuánto
corto calzón. ¡Bien a lo vivo, como
esa moza se pone su pañuelo,
poned el alma así, bien a lo vivo!

Echo de menos ahora
aquellos tiempos en los que a sus fiestas
se unía el hombre como el suero al queso.

El futuro – Leonard Cohen

Devuélveme mi noche rota
mi habitación de espejos, mi vida secreta
Aquí se está muy solo,
no queda nadie a quien torturar.
Dame control absoluto
sobre todos los seres vivos
Y acuéstate a mi lado, nena
¡es una orden!

Dame crack y sexo anal
Coge el último árbol que queda
y métetelo en el agujero
de tu cultura.
Devuélveme el Muro de Berlín
dame a Stalin y San Pablo
He visto el futuro, hermano:
es un crimen.

Las cosas van a deslizarse en todas direcciones
No habrá nada
Nada que puedas volver a medir
La ventisca del mundo
ha cruzado el umbral
y ha volcado
la orden del alma.

Cuando me dijeron ARREPIÉNTETE
me pregunto a qué se referían

No tienes la más remota idea de mí
nunca la tendrás, nunca la tuviste
soy el pequeño judío
que escribió la Biblia.
he visto las naciones levantarse y caer
he oído sus historias, las he oído todas
pero el amor es el único motor de supervivencia.

Tu siervo aquí ha sido ordenado
decirlo fríamente, decirlo claro:
Se ha acabado, esto no va
a ninguna parte.
Y ahora que las ruedas del cielo se han parado
sientes la fusta del diablo
Prepárate para el futuro:
es un crimen.

Las cosas van a deslizarse en todas direcciones…

Fallará
el antiguo código occidental
De pronto estallará tu vida privada
Habrá fantasmas
habrá fuegos en la carretera
y el hombre blanco bailando.
Verás a tu mujer
colgando boca abajo
su vestido cubriéndole el rostro
y todos los pésimos poetuchos
aparecerán
tratando de imitar a Charlie Manson

Devuélveme el Muro de Berlín
dame a Stalin y San Pablo
dame a Cristo
o dame Hiroshima.
Destruye otro feto ya
no nos gustan los niños
He visto el futuro, nena:
es un crimen.

Las cosas van a deslizarse en todas direcciones
No habrá nada
Nada que puedas volver a medir
La ventisca del mundo
ha cruzado el umbral
y ha volcado
la orden del alma.

Cuando me dijeron ARREPIÉNTETE
me pregunto a qué se referían.

Arca de lágrimas – Pablo García Baena

¿Quién sois, Señora, que dejáis vuestra casa sobre la cuesta,
vuestro camarín de buganvillas y luces
y vais llorosa en noche de tambores
-otra vez los tambores, ahora en gloria fúnebre-,
Señora enlutada que camináis hacia los patíbulos?

El madero se yergue sobre el monte
y pende a punto de caer el fruto bendito,
acorred, Señora de los ajusticiados.

El condenado grita en la noche: Padre.
No es a Vos, humanísima, no divina,
amarga sólo y sólo en la amargura entreabrís vuestros labios.
Y está la noche erizada de tambores,
cientos de años bajando en soledad
por el monte de la calavera,
vuestro manto empapado en el lodo y la sangre
por siempre jamás, Madre del supliciado,
la voz encomendándote: Mujer, ahí está tu hijo,
el reo, el acusado, el hombre.

Otra vez los tambores anuncian la ejecución
junto a la tapia blanca,
Señora que acudís sola en vuestro sollozo,
las lágrimas lloviendo silenciosas.

Llagas de la tortura en las celdas,
fiebre de heridas en las sábanas coaguladas de los hospitales,
blanca sobredosis de luna sobre el crimen.
Rasean los tambores con el vuelo de las rapaces amarillas,
la quieta brasa de sus ojos brillando
sobre las osamentas de la guerra y el hambre,
y el vacilante abandono de la razón
cuando el dedo de infamia señala las tinieblas exteriores.

Sin duda estáis cansada en vuestro acuitamiento,
Señora que presides la noche de la necesidad,
escalera, lienzos, sepultura.
Vuestro pueblo os aclama y a la vez -no callan los tambores-
brillan en vuestro corazón los cuchillos del abandono,
y florecen en vuestras manos los juncos marinos de las espinas,
el férreo lirio sangriento de los clavos.

Señora que camináis al atardecer
tras el cadáver rígido sobre el frío de la losa,
sobre la terca ceguera de los hombres
marcados como el rebaño con la señal del matadero,
Señora que volvéis los ojos
en la fatiga de la compasión
-velan aún, confusos, los tambores-,
ayúdanos, Altísima.

El Barco – Carlos Bousoño

PERO tú, España mía, eres de rosa, y yo te amo. Eres de violeta, y te quiero. Tú, España, eres de cosa rota, en el aire de una vida quieta. Cómo no amarte. Cómo no quererte. La noche inerte baja hasta tu parte. No sé dónde estaré. Vendría a verte. Eres de rosa, de tristeza. A amarte. Yo no sé, España, cuáles son tus días, cuáles tus signos, cuáles tus regalos. Eran horribles olas tan bravías. Tú navegabas por los mares malos. Te destrozabas y te enaltecías, barco de amor, rotos de amor los palos.

El agua ensimismada – María Zambrano

El agua ensimismada
¿piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?

Corazón partidario – Carlos Bousoño

Mi corazón, lo sabes,
no está con el que triunfa o que lo espera,
con el juramento mercader
que acecha el buen provecho,
se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,

busca ganancia en el abrazo,
obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,
cobra recibo por los amaneceres milagrosos,
por cambiante gracia del color
de una invisible rosa apresurada,
dulce y apresurada
como si fuese un hombre o una llama
o una felicidad humana: sí.

Mi corazón no está con el hombre que sabe
de la verdad todo lo necesario
para olvidar el resto de ella,
satisfecho del viento, poderoso del humo,
canciller de la niebla,
rey acaso, pero nunca de sí.