El rojo intenso, vivo, nacarado
de la sangre que en ti se redondea,
como un grito que desea
dar vida a todo cuanto han condenado,
a morir brevemente, apenas dado
el primer beso al mundo.
Así campea
y eres hombre del pan que ya verdea
por tus venas herido, ensangrentado.
Amapola, efímera, amapola.
Más símbolo que ser, más pensamiento
que cosa duradera, en tu alma sola,
de niña que acaricia el recio viento.
Encendida de luz se tornasola
el pan de amor que en trigo ya presiento.