Cuántos crepúsculos
ella se sentó en los escalones más altos
para ver condensar y dispersarse los pliegues del ocaso.
La gente vestida de rojo sube.
La gente vestida de verde desciende.
El viento bateó la enorme túnica gris.
Parecía un excedente de huesos
pesados y saltarines.
Por fin, las luces de la calle se iluminaron en sucesión.
Los árboles, las casas, la multitud,
largas sombras menguantes.
Los excedentes de pliegues se entrelazaron
como un oráculo en el espacio de los mortales.