Autobiografía – Álvaro Valverde

Miro el río y hacerlo me consuela
porque en sus aguas calmas rememoro
la vida que he pasado contemplándolo.

Aunque con su corriente se marcharan,
para nunca volver, penas y gozos,
el engaño del tiempo hace posible
que no parezcan duras esas pérdidas.

Están en mi mirada las mañanas
tranquilas de domingo, pero también,
proyectadas sin luz en su reflejo,
las sombras acechantes de la noche.

Y están en las orillas los recuerdos
de las tardes de amor y están las voces
de los niños que juegan y se bañan.

Mi vida es este río que me lleva,
esta apacible huida hacia la muerte.
Mis ojos, al mirar, sin edad sueñan.
Y me siento feliz por cuanto intuyo
debajo de sus aguas incesantes.

Trinitaria – Antonio Carvajal

                                                                                          A Joëlle Guatelli Tedeschi

He aquí la bella flor que desmiente mi invierno como imagen de muerte,
abierta en la luz fría, frente a la nieve hostil, junto a los lirios tímidos
que en las herrizas vírgenes proclaman agrupados el vigor de la vida.

Un discreto perfume, nunca el de la nostalgia, nunca el de los deseos,
sino el constante aroma de las hojas tenaces con su verdor, me acepta
con mi espeso ropaje de ceniza y de humos y mi opaco latido.

Cautivo de su ofrenda, su tersura, su brillo, su vigor, su gallarda
vinculación al aire, vigilo. Ahora la riego, de la escarcha la cubro,
me cubro con sus pétalos, con su mano piadosa que me tiñe de aurora.