POR todo aquello que nos fue negado:
el néctar que bebían los amantes
de miniaturas persas
y fondo azul añil,
el cítrico esplendor
que precedía al rechazo,
recreo las ajorcas, su sonido
en los tobillos de la bailarina,
el sosiego rural
de los bueyes de agua
y la perplejidad de los viajeros
cegados por la luz magenta y cobre.