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Vida contemplativa – Santiago de Navascués

PÁLIDOS bustos de belleza griega,
como un largo espejismo quedaréis
fijos en un lugar de mi memoria.
Bebiendo un café insípido vislumbro
las negras aves en el cielo. Hace
frío y el mundo brilla tenuemente
bajo la luz herida de septiembre.
El tiempo se detiene en una calle,
como un turista confundido, quieto
ante el enigma mudo de una esfinge
que custodia la entrada de la Acrópolis.
Los griegos cincelaron un instante
sobre el rostro inmutable de este mármol.
Cierro los ojos y contemplo: todo
tiene ahora la forma de mi sueño...
Las nubes cubren los desnudos bustos
mientras trazo la luz en estas líneas
y agoniza el verano estoicamente
sobre la superficie de las cosas.

LOS PIES DEL HORIZONTE – José Gutiérrez Román

DESCALZOS,
con lentos pasos de luz,
van rozando la atmósfera
de esta tarde sobre el mar.
Ligeros, como beso de viento,
depositan su pisada
allí donde jamás llegarán mis ojos.
Y dan así movimiento a las aguas,
y nacen así esas finas láminas celestes
que ahora, con suave susurro de espuma,
vienen a besar mis pies.

155 – Álvaro Pombo

Retrato de un Niño
(El macizo de aquellos erguidos
Entreabiertos tulipanes amarillos
Hace transparente
Parece por la tarde)

El espejo confirma
La levedad del niño
El indeciso pantalón
Corto las botas
Recién inauguradas
Ese Octubre

Una desvaída corbata
Torcida amarilla
Y verde

De labios inmortales
Todavía en sus labios
Una dicha obstinada

En todo el jardín
El sol hacía islas con los árboles

Inocencia – Félix Grande

Aquí
pocos pájaros:
un aleteo espectral acaso,
como de ciegas aves entre muros.

Aquí
pocas flores;
tal vez algunos pétalos concisos,
caídos entre grama de invierno.

Aquí
pocas sonrisas;
muecas inoportunas,
dulces, correctas, tímidas
y sofocadas de fatiga al cerrarse.

Aquí
unos céntimos oxidados
y el mendrugo de unas ideas
que el miedo tritura, paciente;
terror
a vivir y a morir,
terror
al prójimo que necesitas,
lástima a ti y a tu mujer
y a tantos como sudan a la sombra o al sol;
es una pesadilla.
Terror a la locura
–o envidia a la locura.

Aquí
poca belleza;
no es hermoso esto:
demasiado profundo,
sucio de origen,
pegajoso aún
de la placenta de la creación,
lastimado aún
por el dolor del parto del mundo,
dubitativo aún de caos primario
(aquí
no se quiere matar,
se está cansado,
se es inocente sin destino).

Ya no quedan resoluciones
que miren al otro borde del morir;
nada que viajar, ninguna espera;
esto es un lento cataclismo
que comenzó en la informe penumbra de la selva
entre alimañas
y fieras amenazadoras
y que abdicó una noche en la prehistoria
como un rey bárbaro en el otro.

Aquí
vehemencia acaso
pero entusiasmo no.
A veces
la alegría parece una calumnia,
y esas veces impiden a la herida cerrarse
y a la convalecencia afluir a la salud.

Aquí
se entiende al que abandona y busca rincón,
se entiende al que se sienta frente a la puerta
con la espalda guardada por el muro,
al que camina rozando la pared,
al que amaina el paso, cauteloso,
en las esquinas de vivir.
Siniestra es nuestra comprensión,
somos feroces de la nada;
una de nuestras manos da al vacío
y regresa a la frente,
la otra permanece en el horno del siglo
y se quema y no disimula
su dolor ni su aullido natural.

Aquí
el pasado es absurdo,
residual
e inexistente a fuerza de ser sombra;
el futuro,
ajeno
y amurallado de clamor y de crimen;
el presente,
esta cuarentena
poblada de palabras en mitades
que casan mal y que se roen unas a otras
con precaución y con monotonía.

Aquí
se está casi desvanecido;
un paso más y es sueño,
dos pasos más y es muerte,
tres pasos más y es un no haber nacido
nunca.

Génesis – Sergio Navarro Ramírez

LOS novios se aman en su oscuridad,
solo suya, la noche de este mundo.
Les fue entregado el día en el altar
como un regalo que gozaron, prósperos
en la felicidad, hasta agotarse.
El cansancio provoca la torpeza
cariñosa con la que se desnudan,
y la piel queda como tierra abierta
donde desciende una respiración
que trae consigo primavera y lluvia.
Atrás quedan las horas solitarias,
como fragmentos de un momento pleno
que reúne por fin una presencia.

Ahora culmina tanta espera, ya,
hundidas las barreras de la carne,
los cuerpos confundidos en las sombras,
mientras celebran el advenimiento
de la tan anhelada compañía.
Ella le siente respirar, cernirse
sobre su cuerpo de tiniebla y agua.
Él fluctúa, mecido sobre un mar
que se estremece.

A mi alma – Juan Ramón Jiménez

Siempre tienes la rama preparada
para la rosa justa; andas alerta
siempre, el oído cálido en la puerta
de tu cuerpo, a la flecha inesperada.

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. De noche, estás despierta
en tu estrella, a la vida desvelada.

Signo indeleble pones en las cosas.
luego, tornada gloria de las cumbres,
revivirás en todo lo que sellas.

Tu rosa será norma de las rosas;
tu oír, de la armonía; de las lumbres
tu pensar; tu velar, de las estrellas.

Arroyo – Tomás Segovia

En la prisa de su ímpetu tiránico
No oye nada el arroyo
Desde el foso sin bordes de su propio fragor
Desde aquí arriba
Se ve el tropel de espaldas líquidas
Sin cesar arrojándose
Con la monótona constancia
De un perpetuo desorden

Esta vehemencia se abalanza
Hacia un túnel del tiempo
Que no debiera tener término

El arroyo perpetuamente empieza
Por siempre su después es otra vez ahora

¡Ah sí! resiste
No te dejes salvar por mis palabras
No cedas uno solo de tus ansiosos rasgos
A la imagen de ti
En la que te amaré luego

Te juro que estoy mirándote
Fuera de este poema
Donde corro contigo
Abrazado a un impulso y ciego a toda meta

Queriendo que mi vida igual que tú
No sepa nunca dónde acaba el tiempo.

EL LENGUAJE DEL AGUA – Carmen María López

LA piedad está en la lluvia: si la miras
despacio, si detienes relojes
del mundo y solo miras esta lluvia,
esta que cae ahora, arrecia y barre
la vida con su canto humedecido,
esta que lava en su misericordia
la herrumbre de las cosas,
esta que habla el lenguaje de los muertos
y te dice palabras y al decirlas
orea el aire vivo y nutre de agua la tierra,
esta que huele a luz recién nacida
y es hermosa cayendo, hermosa y vertical…

La piedad está en la lluvia.
La piedad es el lenguaje del agua.