No hay nadie en el mundo, se diría
salvo la Espía.
¿Quién es la Espía?
Olana, se diría.
Posada en el techo hay una mosca
Olana allí me espía.
Miro al cielo, y él me mira:
¿no será Olana que me observa
quizá, tal vez, desde una nube
en forma de Espía?
Porque el cielo a nadie mira.
Recorro el mar con grandes piernas
son dos las piernas, mas de pronto
descubro al lado una tercera: mía no es,
luego es de Olana, que me espía,
ya no sé qué hacer sin esos ojos
que allí en el frío me vigilan;
mi figurón tiembla y vacila
no sé quién soy ya sin la Espía.