CEMENTERIO JUDÍO – JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA

Toda una vida para llegar a la nada.
Toda la nada para contar una vida.
Toda la nada en la voz de la muerte.
Toda la vida huyendo hacia el silencio.

Escrita sobre una lápida reza una historia
que se repite sobre otra lápida
que junto a otra lápida cubre tierra muerta.
Tras las altas verjas alguien pisa despacio
las huellas que conducen al pasadizo
donde beben salmos de agua las estrellas.
Siglo a siglo los nombres aferrados a la piedra
han soportado las mordeduras del viento,
las puyadas de la lluvia, la picazón de la nieve.
Siglo a siglo aquellos que huyeron río arriba,
libres como las alas de un albatros,
hallaron en la estrecha sombra de estos muros
refugio para completar la eternidad.

Toda vida merece ser respetada
si respeto cosechó frente a las mareas
y contra los embates del mal tiempo.
Una hora de vida es vida,
y un minuto de vida es vida,
y un segundo de vida es vida.
Toda vida es el ahora, lo que hago o lo que digo:
lo demás es pasado, entrada o salida
por las verja oxidada de cualquier cementerio.

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