Deriva – Antonio Martínez Sarrión

Paraísos que nunca se perdieron,		
se hallaban emboscados simplemente		
en las encrucijadas del futuro		
adoptando las formas más disímiles:		
azulados caballos que dibujan		
los escapes del gas, arborescencias		
en bucle del asfalto derretido, palomas		
que vuelven al sombrero del prestímano		
abatidas por la cohetería		
que clausura entre palmas un siglo tan feliz.		

Entre estos intervalos de esplendor		
se deslizaba el tiempo como un buque		
con las luces cegadas, el gobernalle roto		
y una leve modorra en el pasaje		
que en vano interrogaba a la marinería		
por el dudoso muelle del atraque final.

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