Llueve, llueve... Goterones
caen con fuerza. Un gran río
¡es mi calle sin navío!
Árboles son los balcones
que amparan a los obreros
que fuman. Y el capataz
aguarda el brillante haz
de luz. Y los barrenderos
se guarecen. Con sus botas
y sus cubos plateados
—brillantes pero enfangados—,
cristal son, que llora en notas.