En la República de los Lobos
nos enseñaron a aullar.
Pero nadie sabe
si nuestro aullido es amenaza, queja,
una música de forma incomprensible
para quien no sea lobo;
un desafío, una oración, un discurso,
o un monólogo solipsista.
En la República de los Lobos
nos enseñaron a aullar.
Pero nadie sabe
si nuestro aullido es amenaza, queja,
una música de forma incomprensible
para quien no sea lobo;
un desafío, una oración, un discurso,
o un monólogo solipsista.