No le toques los pechos Extranjero
A esta sombra con fiebre que esta noche
Anocheció tan hembra
Por los linderos de los residentes
Todo el verano es de ellos
Escúchalos dichosamente extraviados
Sin saber cómo hacer
Para entender bajo sus propias voces
Este lamento de la plenitud
Que tan claro se oye en tu silencio
Y tienes que vagar a solas
Por las quietas afueras de su fiesta
Y poner sólo ecos distantes
En tu ramo nocturno en la sombra cortado
Y bañarte tan solo en murmullos de espumas
No saben que su amo
Tiene en ti un siervo más
Que también el verano te devuelve un rato
Tu corazón con llaga
Nadie sabe aquí el nombre
De tu amor extranjero
Y tienes que alejarte al borde de la noche
A decirlo a sus muertos
Que duermen allá afuera y que piensan en ti
Tras sus pesados párpados cerrados.
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No hay más, solo mujer – Jaime Sabines
No hay más. Sólo mujer para alegrarnos,
sólo ojos de mujer para reconfortarnos,
sólo cuerpos desnudos,
territorios en que no se cansa el hombre.
Si no es posible dedicarse a Dios
en la época del crecimiento,
¿qué darle al corazón afligido
sino el círculo de muerte necesaria
que es la mujer?
Estamos en el sexo, belleza pura,
corazón solo y limpio.
En las trampas de los ojos…- Francisco Hernández
En las trampas de los ojos
el paisaje y su escritura verde,
la tierra y su amor calizo,
la luz y sus remolinos amarillos.
El tránsito hacia los escalofríos,
hacia el vestido recto de la noche,
hacia el agua embriagante de la cercanía.
La plenitud de tu flor abierta
en el espejo, de tu cintura encerrada entre mis manos,
de tus labios en el lugar común
de mi nombre completo.
Cuatro sonetos en torno a un tema erótico – Concha Urquiza
I
Proyecto de mi amor es el paisaje
con su misma sutil improcedencia,
maceración de brumas y de ausencia
y vertiente de áspero abordaje.
Multiplica en erótico miraje
la ciudad mi dolor y tu presencia,
y afluye la obsesión a la conciencia
en fatigado, turbador oleaje.
Cuando aun la piedra exánime te nombra,
en vano retrocede mi suspiro
desatando el camino de tu sombra;
en vano te defiende mi retiro;
roto estás en el polvo que lo alfombra
y en el aire de plomo que respiro.
II
Miente mi corazón cuando te ama,
hecho intérprete fiel de mi sentido,
como el eco en abismo percibido
que el viento, no la voz, forma y derrama.
Este imperioso afán que te reclama
no en el centro del alma fue nutrido;
me ha turbado sin ti, como el sonido,
es ajeno a mi ser, como la llama.
Cuando la sangre al corazón satura
de sólo tu sabor –término medio
en loco silogismo de amargura-,
inaccesible al implacable asedio,
como trozo de plomo en agua oscura
húndese el alma en silencioso tedio.
III
Mi cumbre solitaria y opulenta
declinó hacia tu valle tenebroso,
que oro de espiga ni frescor de pozo
ni pajarera gárrula sustenta.
En tu luz gravitante y malicienta,
quebrado el equilibrio del reposo,
vago sobre tu espíritu medroso
como un jirón de bruma cenicienta.
Libre soy de tornar a mis alcores
de Eros impúber la zampoña toca
ceñido de corderos y pastores,
mas a exilio perpetuo me provoca
la chispa de tus ojos turbadores,
la roja encrespadura de tu boca.
IV
Del ser que alienta y del color que brilla
me separa tu cálida presencia,
clausurando el sentido en la vehemencia
de una noche sin fondo y sin orilla.
En ella mi tortuosa pesadilla
te confiere su trágica opulencia,
y tórnase inmortal como una esencia,
siendo que eres trivial como una arcilla.
Te he engendrado en mi lumbre y mi universo,
en tu forma plural he proyectado
la queja vaga y el afán disperso.
Dudando está el espíritu sitiado
si eres mi sangre disculpada en verso
o mi dolor en carne figurado.
A unas piernas – Francisco de Terrazas
¡Ay basas de marfil, vivo edificio
obrado del artífice del cielo,
columnas de alabastro que en el suelo
nos dais del bien supremo claro indicio!
¡Hermosos capiteles y artificio
del arco que aun de mí me pone celo!
¡Altar donde el tirano dios mozuelo
hiciera de sí mismo sacrificio!
¡Ay puerta de la gloria de Cupido
y guarda de la flor más estimada
de cuantas en el mundo son ni han sido!
Sepamos hasta cuándo estáis cerrada
y el cristalino cielo es defendido
a quien jamás gustó fruta vedada.
Tendida y desgarrada – Octavio Paz
Tendida y desgarrada,
a la derecha de mis venas, muda;
en mortales orillas infinita,
inmóvil y serpiente.
Toco tu delirante superficie,
los poros silenciosos, jadeantes,
la circular carrera de tu sangre,
su reiterado golpe, verde y tibio.
Primero es un aliento amanecido,
una oscura presencia de latidos
que recorren tu piel, toda de labios,
resplandeciente tacto de caricias.
El arco de las cejas se hace ojera.
Ay, sed, desgarradora,
horror de heridos ojos
donde mi origen y mi muerte veo,
graves ojos de náufraga
citándome a la espuma,
a la blanca región de los desmayos
en un voraz vacío
que nos hunde en nosotros.
Arrojados a blancas espirales
rozamos nuestro origen,
el vegetal nos llama,
la piedra nos recuerda
y la raíz sedienta
del árbol que creció de nuestro polvo.
Adivino tu rostro entre estas sombras,
el terrible sollozo de tu sexo,
todos tus nacimientos
y la muerte que llevas escondida.
En tus ojos navegan niños, sombras,
relámpagos, mis ojos, el vacío.
Circe – Gabriel Zaid
Mi patria está en tus ojos, mi deber en tus labios.
Pídeme lo que quieras menos que te abandone.
Si naufragué en tus playas, si tendido en tu arena
soy un cerdo feliz, soy tuyo, más no importa.
Soy de este sol que eres, mi solar está en ti.
No quiero más corona que el laurel de tus brazos.
Lápida para una mujer liberada – Dana Gelinas
Como Diana, primero una flecha
al centro de un hombre;
como Penélope,
tejer la tela de araña;
caminar siempre un paso atrás,
como Eurídice;
salir del baño, como Afrodita;
leer de noche, como Minerva;
amar a una bestia, como Pasifae;
cultivar en exclusiva la tierra de tu casa, como Gea;
predecir la infidelidad, como Casandra;
vengar al marido, como Hera;
memorizar uno a uno los rasgos de Narciso, como Eco;
todo para morir en tu país
sin que te lapiden…
como a una extranjera.
¿Qué fue del tremor… – Mariana Bernárdez
¿Qué fue del tremor
que ardía
hasta astillar?
Del temblor a la hondura
el paso del arrebato
es ráfaga del ya morarse
y no mirarse entonces
por el sobrado conocer
su presentir
Y a veces de tanto saberse
no ocultar
el rasguño del dolor
y cumplirse brasa
uno frente al otro
¿redime
no saberse?
¿y saberse de más?
No saberse
no saber de sí
no saber
sino del habitarse
en cuerpo luminoso
aunque ahora ya no ocurran cosas
y asalte el mundo y su rumor
Abre los ojos
Tócame
yo soy tu casa.
Romance en blanco y negro – Tere Medina
Siempre a deshora me buscas,
siempre a destiempo te aguardo.
Cielo amor —cielo de luces—
este perseguirse amargo:
cuando tú estás en el cénit
yo me arropo en el ocaso.
Amanécete esta noche
de pronto, como un relámpago,
aunque nada justifique
tu orgía de besos cálidos.
Amanécete esta noche
que te estoy queriendo tanto
que se florecen de estrellas,
para ceñirte, mis brazos.
Amanécete esta noche:
mi cuerpo te está esperando
tímido de oscuridades,
fértil de caminos lácteos,
deseoso de eclipsarse
junto a la luz del amado.
¡No habrá una nube que manche
el limpio azul del abrazo!
Hasta los reinos de Dios
nos llevará el ígneo carro
y, en una boda perfecta,
nuestros fuegos enlazados,
romperemos de las horas
el ritmo absurdo, mecánico.
¡Triunfo de goce nupcial
fuera de tiempo y espacio!
Amanécete a deshora
hoy que a destiempo te aguardo.