Es imposible recordar aquel techo porque nunca lo miramos juntos, solo teníamos nuestros ojos conectados, o uno estaba siempre encima del otro.
¿Recuerdas?, movíamos las manecillas del reloj a nuestro antojo, tan fundidos y enormes que parecíamos una escultura de Botero sobre (y a los lados, y detrás y bajo) la cama.
Pero que estratega es la memoria que nos guarda una sola foto finish, y deja lo demás anclado en un lodo de imaginación demasiado insegura.
Ya no te acuerdas, pero yo sí. Para eso estoy aquí, convencido, sacando aquellas Polaroid mentales del cajón del dolido subconsciente.
Tu sabías que la nostalgia no era asunto tuyo, mientras esas comisuras apuntaban hacia arriba tus silencios interrogaban mis temores, ¡qué divertido era adivinarnos!
Jugábamos a deshacer las sombras y sus nudos negros que nos perseguían, nuestra propia ropa de repente era diez tallas más grande, convertidos en lo que se convierten quienes aman,
dos niños salvajes.
Hoy tristeza,
tristania tristeria tristorno
porque tú fuiste una nube que ni se espera ni se deja atrapar, y yo fui un estúpido por querer volverme adulto demasiado rápido.
Porque he buscado tu olor en otras pieles, porque he mirado a hurtadillas otro pelo, porque he intentado repetirte tantas veces,