Sublevación – Antonio Gamoneda

Juro que la belleza		
no proporciona dulces		
sueños, sino el insomnio		
purísimo del hielo,		
la dura, indeclinable		
materia del relámpago.		

Hay que ser muy hombre para		
soportar la belleza:		
¿quién, invertido, separa,		
hace tumbas distintas		
para el pan común y la		
música extremada?		

Ay de los fugitivos,		
de los que tienen miedo		
de sus propias entrañas.		
Si una vez el silencio		
les hablase, ¿sabrían		
respirar la angustiosa		
bruma de los espíritus?		
¿Cantarían su propia		
conversión al espectro?		

Y aquellos otros, estos		
miserables amados,		
justificados por el dolor:		
advertid que tan sólo		
a los perros conviene		
crecimiento de alarido.		

Algo más puro aún		
que el amor, debe		
aquí ser cantado;		
en cales vivas, en		
materias atormentadas,		
algo reclama curvas		
de armonía. No es		
la muerte. Este orden		
invisible		
        es
           la libertad.

La belleza no es		
un lugar donde van		
a parar los cobardes.		

Toda belleza es		
un derecho común		
de los más hombres. La		
evasión no concede		
libertad. Sólo tiene		
libertad quien la gana.		

Solicito		
una sublevación		
de paz, una tormenta		
inmóvil. Quiero, pido		
que la belleza sea		
fuerza y pan, alimento		
y residencia del dolor.		

Un mismo canto pide		
la justicia y la		
belleza.		
       Sea la luz
un acto humano.		
            Se puede
morir		
    por esta
libertad.

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