Lo que queda – Bibiana Collado Cabrera

UNA breve superficie rugosa
levemente oscurecida.
Eso es lo que queda.
La huella de la quemazón.

Un bar en frente de la guardia
civil. Remotos cumpleaños
con puntillas entre las cajas
del almacén. La reja de un colegio
que ya no existe.

Nada está en su sitio.
Ni siquiera la breve mancha
que se ha reacomodado en algún pliegue
de la mujer que siguió a la niña.

Vuelvo y busco obsesivamente
las nuevas tiendas que se han abierto
en estos años. Esperando
que cada imagen se desenganche
de su respectivo rincón.

Anular el desarreglo del espacio,
la luz opaca de las mañanas,
la parálisis anárquica del cuerpo
ante la posibilidad oblicua
del encuentro y la certeza
de que no parecemos lo bastante
felices.

Nada está en su sitio.
Tan solo la guardia civil.

Eso es lo que queda.
El tacto de la breve superficie
rugosa y el obcecado recuerdo
de un padre que sostiene a una hija
en brazos, sin soltar el puro
de la mano derecha.

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