LA PRISIÓN – PATRICIO DE LA ESCOSURA

«Muchos, repetidos, muy graves pecados
los hombres hicieron y Dios se enojó:
en pena, de libres que fueron creados,
esclavos los hizo, tiranos les dio.

¡Tiranos! Con ellos, cadenas, prisiones,
castillos y guerras y el potro crüel.
¡Tiranos! Con ellos, rencor, disensiones…
¡Tremenda es la ira del Dios de Israel!

Castilla, hijo mío, sintió el torpe yugo,
y a fuer de briosa lo quiso arrojar.
En vano: ayudarnos al cielo no plugo;
Padilla el valiente cayó en Villalar.

Nosotros, Alfonso, también moriremos;
también nuestra sangre vertida será.
¡Qué importa! Muriendo felices, rompemos
las férreas cadenas que el mundo nos da».

Acuña, el obispo, patriota esforzado,
aquel que al tirano no quiso acatar,
el cuerpo de indignas cadenas cargado,
cual cumple a los libres, acaba de hablar.

En pie, silencioso, con aire abatido,
mancebo, que apenas seis lustros cumplió,
le escucha; y responde con hondo gemido
que el eco en la torre fugaz repitió.

«¡Tan bravo en las lides! —Acuña le dice—,
¡tan bravo! y, cobarde, tembláis el morir…».
«Teneos, obispo: muriendo es felice
quien solo en cadenas espera vivir.

Morir es más dulce que ver, como he visto,
caer a Padilla y a ciento con él.
Yo burlo la muerte, más, ¡ay!, no resisto
de amor a los tiros, ¡fortuna crüel!».

Oyole el obispo con pena, y callose:
maguer que ordenado, tiene corazón;
lágrima furtiva al ojo asomose.
El joven su mano besó con pasión.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.