Aquel que edificó su casa
con nobles piedras y a su abrigo
vivió decentemente
sin mandar ni ser mandado,
aquel que obedeció los estatutos
de la naturaleza y así pudo
igualar con la vida el pensamiento,
aquel que compartió los venerables
ordenamientos de la soledad,
ése no podrá nunca ser vencido
porque nunca tampoco
usará contra nadie su poder