Mario Chabes —nombre con el que pasó a la historia literaria, aunque en sus primeras publicaciones figure también como J. Mario Chávez y Mario Chávez— fue un poeta peruano de la órbita vanguardista, estrechamente ligado a Arequipa y a las redes intelectuales del sur andino y de Buenos Aires. La cronología no está del todo cerrada en la tradición bibliográfica: una bibliografía especializada de Carlos García lo registró como “ca. 1903-ca. 1970”, pero los estudios académicos más recientes suelen fijar ya la fórmula 1903-1981, que hoy parece la datación más aceptada en la crítica. Esa oscilación conviene señalarla, porque forma parte del propio proceso de rescate de un autor durante mucho tiempo periférico dentro del canon peruano. (scielo.org.ar)
Su ingreso en la vida literaria fue temprano. En Arequipa publicó Alma… en 1922, todavía con la firma J. Mario Chávez, y poco después El silbar del payaso en 1923, ya como Mario Chávez; más adelante fijó la forma definitiva Mario Chabes, bajo la cual apareció Ccoca en Buenos Aires en 1926. A esa secuencia debe añadirse un libro posterior, de carácter ensayístico y político, La Revolución Francesa de Bolivia (1946), que muestra que su trayectoria no quedó restringida a la lírica. Este desplazamiento onomástico —de J. Mario Chávez a Mario Chávez y finalmente a Mario Chabes— no es un detalle menor: revela una autoconstrucción de autor en pleno proceso de inserción en el campo literario de entreguerras. (Academia)
La documentación hoy disponible permite reconstruir a Chabes no sólo como autor de libros, sino como un agente activo de la cultura impresa. Entre 1922 y 1930 colaboró con notas, entrevistas, cuentos, prosas y poemas en un arco muy amplio de publicaciones: La Semana de Arequipa; La Crónica, El Tiempo, Variedades, Jarana, Flechas y Amauta de Lima; Vórtice de Sicuani; Letras de Santiago de Chile; y, ya en el circuito rioplatense, Nuestra América, Proa, Crítica, Oral y Martín Fierro, entre otras. Este dato es central para situarlo correctamente: Chabes no fue un poeta encerrado en una provincia, sino un escritor que participó en la circulación translocal de la vanguardia peruana y sudamericana. (Dialnet)
Desde el punto de vista estético, su obra exhibe una evolución perceptible. La crítica reciente ha señalado que Alma… conserva todavía residuos posmodernistas y modernistas, visibles en cierta musicalidad, en la imaginería sentimental y en procedimientos formales heredados, aunque ya asoman rasgos de ruptura. El silbar del payaso, por su parte, profundiza en una sensibilidad más moderna y desengañada: el motivo del payaso permite dramatizar la fractura entre ser y parecer, la risa dolorosa, la ironía de la experiencia moderna y una subjetividad sometida a aceleración, desgaste y simulacro. En ese tránsito puede leerse el paso de un lirismo todavía deudor del fin de siglo a un registro ya más próximo a la experimentación vanguardista. (Dialnet)
El punto decisivo de su trayectoria es, sin duda, Ccoca (1926), libro hoy considerado su obra mayor. La primera y única edición conocida apareció en Buenos Aires, en los talleres gráficos El Inca, vinculados a Alberto Hidalgo; además, algunos textos suyos fueron reproducidos en el Índice de la nueva poesía americana de 1926, lo que favoreció su visibilidad en el campo bonaerense. La bibliografía conservada muestra asimismo dedicatorias a figuras como Macedonio Fernández y Oliverio Girondo, indicio de una inserción efectiva —aunque todavía insuficientemente estudiada— en redes de sociabilidad literaria rioplatense. Todo ello confirma que Chabes pertenece a una constelación de escritores peruanos que pensaron la modernidad no sólo desde Lima, sino también desde los cruces entre el sur andino, Arequipa y Buenos Aires. (scielo.org.ar)
La importancia de Ccoca no reside únicamente en su rareza editorial, sino en la singularidad de su proyecto poético. La crítica ha subrayado que el libro pone en crisis la identificación simplista entre coca y cocaína, discute los marcos higienistas y cientificistas de raíz occidental y revaloriza la hoja de coca como práctica ritual, colectiva y sagrada dentro del mundo andino. En ese sentido, Chabes articula experimentación formal, reflexión cultural e intervención ideológica: usa la palabra poética para disputar un régimen de interpretación colonial sobre la coca y, al mismo tiempo, para reinscribirla en una cosmología indígena. Por eso Ccoca aparece hoy como una obra clave para estudiar las relaciones entre vanguardia, indigenismo, saberes andinos y crítica de la modernización periférica. (Memoria Académica)
Esta posición explica que algunos estudios recientes tiendan a ubicarlo en la zona de la vanguardia nativista, mientras que instituciones como la Casa de la Literatura Peruana lo incluyen entre los escritores de las vanguardias surandinas. Ambas clasificaciones son útiles, siempre que no se entiendan como etiquetas cerradas: Chabes participa de una sensibilidad nativista e indigenista, pero lo hace a través de una escritura híbrida, inestable y experimental, que alterna verso y prosa y que no encaja del todo en compartimentos simples. Esa complejidad es, precisamente, una de las razones por las que su rescate crítico ha cobrado fuerza en los últimos años.
La recuperación contemporánea de Mario Chabes se ha visto reforzada por la edición Ccoca y otros textos (Trafalgar Square, 2023), preparada por Carlos Fernández y Valentino Gianuzzi, que reunió los tres poemarios conocidos y la obra dispersa publicada hasta agosto de 1930. Ese volumen ha permitido releer al autor no como una mera curiosidad bibliográfica, sino como una figura significativa para reconstruir la modernidad literaria arequipeña y, más ampliamente, la diversidad territorial de la vanguardia peruana. En esa línea, puede afirmarse que Chabes ocupa hoy un lugar cada vez más visible como escritor de frontera: entre provincia y cosmópolis, entre posmodernismo y vanguardia, entre lirismo y prosa experimental, entre imaginación moderna y horizonte andino. (Dialnet)