Quiero que me amen con deseo
y con lujuria,
que devoren mis lagos,
mis ríos,
mis bosques de rascacielos.
Maldita puñetera.
Sé que estoy llena de rarezas,
que vivir es amar,
sufrir y aterrarse,
que se pueden buscar caricias
en la soledad y con compañía,
que a veces incendio mi cama de afecto.
Sé que estoy muda, sorda, vieja
y llena de miedo
y hace demasiados días
que desatiendo el teléfono.
Sé que vivo llena de ansiedad
y de conflictos,
soy una rosa, una niña, una palmera.
Se acabó el realismo sucio,
las notas autobiográficas.
Aunque me duela por dentro
la vida que llevo a mis espaldas,
hayan desaparecido los muelles
y mi carácter portuario,
voy a buscar la luz
en los cafés,
en las calles peatonales,
en las galerías de arte.
Voy a vivir Nueva York
y a escribir Nueva York
sin dejar que mi estado vital
se filtre en mis poemas.
Voy a olvidar
lo que no me gusta de mi vida,
a coser heridas,
a caminar por estas calles
donde no llega la luz del sol
y la gente, al pasar, no se mira.
Voy a cambiar mis acordes secretos,
voy a ser música.
En mi corazón nacen cada mañana los pájaros
y os quiero hablar de ellos.
Les digo que canten,
pero de momento no quieren:
se distraen filosóficamente.
Cantad por mi madre
que lleva once días muerta.
Cantad, cantad, cantad
que me asusta mucho este silencio,
este clamor inmóvil.
¡Cantad!
Poesía de todas la épocas y nacionalidades