Cabe la incertidumbre en un expreso
que atraviesa suburbios, maizales.
Va cortando la luz de arcilla seca,
va llevando la luz de los abrevaderos.
Este intermedio nómada que se va prolongando…
Y la extranjera que hace el viaje sola
pasa la enfermedad y los monzones.
Yace en el coche cama
cuando es la noche el recorrido ingenuo
al rapto del temblor.
Si renueva su don para el asombro
en alguna estación dejará ofrendas
en el árbol de Shiva.
Remendará la luz que arriesgó en el periplo.
Miré los muros de la vieja Delhi,
sus juegos de tahúr por callejones,
la incertidumbre de los comerciantes.
Se fraguó mi escritura en la oscura trastienda
donde un músico errante
afinaba un sitar. De la extrañeza
al extravío sólo hay siete dunas,
la devoción, sus diosas flotando sobre lotos.
Del extravío al lecho donde asoman las ramas,
pues para adormecerme junto a ti
encadené más de una noche en blanco
en lúdicos vagones de tercera,
un sadhu embadurnado de cenizas
me trazó un mapa astral. La desnudez
se dispersaba por los arrozales.
Llegué indemne al umbral del templo de alabastro,
a la carne asombrada donde se curva el miedo,
a los bazares de la vieja Delhi.
Bajo el ventilador desvencijado,
en cada imperativo
había incertidumbre,
máscaras esculpidas
entre el fulgor y la aniquilación.
Al nombrar, sin premura,
caléndula, deriva,
luz de granja en silencio,
primer té negro al alba,
labios abstemios demandaban himnos.
Junto a una cabeza de venado,
se hace presente Blancanieves.
Toma el trofeo y el sillón del padre,
prueba la autoridad, se muestra indócil
con su vestido blanco de satén.
Toma la muerte expuesta, rematada
con dos ojos de vidrio,
sujeta al animal por la pala del cuerno.
Unos segundos antes del disparo,
atravesó un pomar.
Consultaba los mapas
con un bosque lluvioso en la retina
y dejaba su huella
en las contraventanas.
Si fallaban las brújulas,
si en un ardor de cal le cegaba la luz,
ella asumía el riesgo de quedarse atrapada
en una ciudad ajena.
En el daguerrotipo
te distancias de mí.
Hay sombras de otro siglo.
Y frente al mar,
la hipnosis.
Y bajando hacia el mar,
los motivos florales
y los cuartos a medio construir
donde amanezco hablando de los bosques.
Los ocres de Morandi,
los beis miel, los azules,
cada jarra acanalada,
la luz cobriza entrando
por el patio de siempre,
nos revelan liturgia,
proporción de silencio
en los objetos.
Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
Konstantino Kavafis
Sé que el viaje también era una forma
de escapar del amor o de entendernos
sacrificando establos sosegados.
Sin indagar el rumbo,
subirse a la primera caravana
y percibir en ruta, a la intemperie,
todo el peso que tienen las palabras
medidas en la ausencia,
y la revelación de una posible
entrega cuando intuyo el panteísmo
al paso de un rebaño tramontano,
y a dos jornadas de las atalayas,
vaciada de brújulas la alforja,
atravesar ciudades invisibles.
VEO morir las tardes junto al mar
desde una baranda en Travancor
en donde leo a Borges. Hay jardines
con perros color luna y bibliotecas.
La memoria, sus plazas de palomas,
el desembarco de los portugueses,
la noche de Panjim, sin ataduras,
en que bebí licor mal destilado,
y este amor que se acaba lentamente
al igual que las tardes junto al mar,
bajo la tenue luz de salones de música
y la frondosidad de las palmeras.
Porque temer la noche
no es tan sólo un oficio de cobardes
o viajeros ociosos.
Es pensar en las celdas de septiembre
e ir por tu cuerpo como por las viñas:
la embriaguez transitoria y luego el desarraigo
como única forma de regreso.
Veo morir las tardes junto al mar,
con miedo a la palabra y sus astillas.
El doble filo de la dualidad
nos hace vulnerables
más allá del ocaso y de los patios
con la ropa tendida.
POR todo aquello que nos fue negado:
el néctar que bebían los amantes
de miniaturas persas
y fondo azul añil,
el cítrico esplendor
que precedía al rechazo,
recreo las ajorcas, su sonido
en los tobillos de la bailarina,
el sosiego rural
de los bueyes de agua
y la perplejidad de los viajeros
cegados por la luz magenta y cobre.
Poesía de todas la épocas y nacionalidades