Por fin lo comprende mi corazón:
Escucho un canto,
Contemplo una flor:
¡Ojalá no se marchiten!
Archivo de la etiqueta: Poesía Mexicana
Sucesión – José Emilio Pacheco
Aunque renazca el sol
los días no vuelven
Carta a una suicida – Ulalume González de León
Todo lo perdido
nuestro para siempre,
a prueba de vida,
a prueba de muerte.
Hoy soñé que ayer
era diferente
y me desperté
para no perderte.
Hoy soñé que era
lo mismo mañana:
por tenerte siempre
me morí en la cama.
Yo lo Pregunto – Nezahualcóyotl
Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Acto amoroso – Ulalume González de León
: dos se miran uno al otro
hasta que son irreales
entonces
cierran los ojos
y se tocan uno al otro
hasta que son irreales
entonces
guardan los cuerpos,
y se sueñan uno al otro
hasta que son tan reales
que despiertan
dos se miran
Mar eterno – José Emilio Pacheco
Digamos que no tiene comienzo el mar:
empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes.
Estudio – José Emilio Pacheco
En el mantel a cuadros
la manzana,
semejante a sí misma.
La gota – José Emilio Pacheco
La gota es un modelo de concisión:
todo el universo
encerrado en un punto de agua.
La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.
La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.
Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.
Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
qué mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?
Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay respuesta.
Pompeya – José Emilio Pacheco
La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto
de la fornicación.
No fuimos muertos por el río de lava.
Nos ahogaron los gases. La ceniza
se convirtió en sudario. Nuestros cuerpos
continuaron unidos en la piedra:
petrificado espasmo interminable.
Es ya el cielo… – Gilberto Owen
Es ya el cielo. O la noche. O el mar que me reclama
con la voz de mis ríos aún temblando en su trueno,
sus mármoles yacentes hechos carne en la arena,
y el hombre de la luna con la foca del circo,
y vicios de mejillas pintadas en los puertos,
y el horizonte tierno, siempre niño y eterno.
Si he de vivir, que sea sin timón y en delirio.