¡El árbol florido,
fugaz primavera,
palacio de trinos!
Pero antes de oírse,
qué lento ha crecido.
Abría en la tierra
oscuros caminos;
pedía en el aire
la vida a suspiros;
al sol, cada día,
era oro tupido.
La luz y el silencio,
y un tiempo infinito,
irguieron el tronco
soñando en sí mismo.
(Lo adoraba acaso
la estrella en rocío;
en el borde absorto
grabaron su signo
los enamorados...).
¿Tiene ahora mil nidos?
¡Corazón del hombre!
(¡Cantos encendidos
del poeta!) ¡Árbol
verde y florecido!