Carmen del árbol dorado – Eugenio de Nora

¡El árbol florido,
fugaz primavera,
palacio de trinos!
Pero antes de oírse,
qué lento ha crecido.

Abría en la tierra
oscuros caminos;
pedía en el aire
la vida a suspiros;
al sol, cada día,
era oro tupido.

La luz y el silencio,
y un tiempo infinito,
irguieron el tronco
soñando en sí mismo.

(Lo adoraba acaso
la estrella en rocío;
en el borde absorto
grabaron su signo
los enamorados...).

¿Tiene ahora mil nidos?

¡Corazón del hombre!
(¡Cantos encendidos
del poeta!) ¡Árbol
verde y florecido!

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