El pasado es la constancia
de nuestro asombro,
el hueco de amor que deja
la experiencia en nuestro pecho.
(Sólo la infancia no tiene memoria
porque nada brilló antes que ella.)
Mi pasado es el saldo de lo nítido:
un aroma, un amor, una luna
sin cautela,
el viejo enigma en que amaneceré.