La lenta vigilia de la noche me arrastra
al vacío y observo que la longitud de mi descubrimiento
prepara la llama, más allá de la mano
que crepita encendida. Quieta como el sudor
la paz invade la longitud de nuestra proposición,
mientras la intensidad del gozo
inquieto nos denuncia. Nada hay
sobre la garganta, que no haya sido
denunciado en la asfixia. La soledad
comprende su lento dolor y la paz confunde
el dolor con la integridad de la miseria.