No había ninguna huella sobre la piel del mundo… – José Julio Cabanillas

No había ninguna huella sobre la piel del mundo.
La luz alumbró el mar y despertó a las olas.
Y si rozaba un monte, de allí brotaron pájaros
y loca de contento, alborotó los ríos.
Allí había estado él para el milagro.
Pero luego, de pronto...
se plegaron dos alas. Se acercó el mensajero
al trono de los tres
y atónito contó lo que había visto.
De la tierra venía y se encontró en un valle
con algo que cantaba y no era ningún pájaro.
Preguntaba y no era ninguno de nosotros.
Despertaba a los árboles y no era la luz.
Erguido levantaba la frente hacia las nubes
y el cuerpo era de barro húmedo todavía.
¿Un error? Es el hombre, oyó que le dijeron.
Luego besó el estrado y desplegó las alas
y voló a dar aviso.
Vio la primera sombra sobre la piel del mundo.

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