Un capullo me ofreces, y al instante
lo contemplo rosado, firme y prieto,
catorce veces palpo y acometo
y él crece en vertical insinuante.
No hay regalo mejor para la amante
que celosa lo toma, con objeto
de someterlo a fondo y por completo
y hacerlo deseado y deseante.
Y, so-mételo al fin con ambas manos
con mimo de que el tallo no se encoja,
y en duro envite y perseguido antojo
en el fondo mejor de los arcanos,
el capullo más sabio se deshoja
y con gusto se queda mustio y flojo.