América Latina – Elvira Sastre

Vino a nombrarte la tierra,
vino a plantarte como si fueras un árbol
y no mi parte izquierda,
vino a sembrarte como agua
y no como aire.

Vino a nombrarte la tierra.

Llego a ti como extranjera y me quedo
como invitada. Eres de color azul, 
verde, rojo, amarillo.
Eres de color y eso,
en este mundo de grises que hemos creado,
es igual que partir el silencio con una carcajada.

Te huelen los ojos a fruta recién nacida,
tus manos cantan canciones en otros idiomas
que conozco aunque no comprenda,
hay algo de ti en todo lo que hago y creo que
sería capaz de dibujarte sin usar los dedos.

Tu voz se enciende si la toco,
hay ceniza en tu garganta
pero nada cesa tu grito,
existe tanto cariño en tus esquinas
que el viaje, como el amor cuando es cierto,
siempre es de ida.

Tienes nombre de mujer,
de mujer valiente que se planta,
de mujer que se planta y lucha,
de mujer que lucha y vence,
pero también tienes nombre de mujer que se muere,
tienes nombre de mujer que se muere
porque alguien la mata.

Vino a nombrarte la tierra.

Y vino a quitarte la fuerza,
vino la tierra a sacarte de mi ombligo
y a arrastrarte con ella,
vino a quitarte la vida.

Pero no sabía la tierra
que estás por encima de la muerte,
que te elevas y me abrazas
y me enseñas las verdades que nadie escucha,
y esperas, paciente,
que regrese y te cuente mis lamentos
sin reproches, con el abrazo
de los que siempre aguardan,
con el perdón de los que siempre confían.

Porque eres una y eres cientos,
América Latina,
y yo te llevaré conmigo,
y me llevaré contigo,
todo el tiempo que me queda,
todo el tiempo que me esperes.

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