Váyase a los Infiernos el Poeta,
y cuantos han pensado y definido
que es el amor un Dios apetecido
siendo un demonio de muy mala feta.
Como puede ser Dios el que me aprieta
a que adore un veneno fementido,
que es la mujer, en cuyo afán perdido
el alma se esclaviza y se sujeta.
Es este amor, por lo que yo percibo,
de lo que el pecho acá sabe callarse,
un halagüeño imán, un incentivo.
Que no quiere partirse ni ausentarse,
es un torpe deseo sucesivo
y un pecar mortalmente, sin holgarse.