Amores:
No hay consecuencias lógicas
del pasado. El pasado es
sólo suma y resta de defectos
elegidos. Recuerdos de la fama,
los cansancios, el corazón de vacíos.
Lo único que sirve es la soledad,
el aislamiento, insular vida
sin nadie. Eso es lo mejor.
Sonido sin ecos, palabra sin fulgor.
Oír y escuchar, en silencio, el oído
gana. Así se salvará la libertad
despótica y ruidosa, escandalizada.
Esperas:
Es ella la que me hipnotiza en silencio.
Soy su víctima, su higo rojo, mesmerizado,
en silencio, como una planta, un cactus,
un libro abandonado, mudo, peor que cenizas,
un pecado verdadero, imperdonable y vulgar,
en la biblioteca vacía, en su penumbra.
Todo está en la voz, la nuca
tensa, el tono, el suave pronunciar. Sólo
eso salva a la literatura y su hundimiento.
Imágenes:
Agua marina limpia en el rostro
y un portal de fuego, evocan poesía
como espuma de mar, oleaje, aire fino.
La mujer rubia hablando a un espejo,
el gran rodete de oro sobre la espalda,
diciendo que no puede esperar más.
El puerto en calma, rojo al atardecer
como un incendio. A lo lejos un hombre
mueve algo negro con un palo, sin esfuerzo.
Mirando el agua, mirando la leche hervir,
la carne temblando. Interminable lectura, seca,
desesperada, los olvidados textos en la mano.
Así la facilidad enseña, torpe, tranquila.
Impide escribir sobre la duda y la certeza,
engendra la lectura seca, interminable.
Archivos Mensuales: octubre 2025
Eso era- Nach
No fue el tiempo,
tampoco fue el desamor,
no fue la vida,
tampoco el daño.
Lo que realmente
me estaba matando
era buscar algo,
pero no saber qué era.
Soledad – Elena Martín Vivaldi
Y era un silencio duro como piedra;
un silencio de siglos.
Era un silencio adusto, impenetrable;
un silencio sin venas.
Era un dolor de amor, hecho de largas
noches sin el amado.
Hecho de fieles manos que se tienden
estremecidas, solas.
Era una voz dormida entre las sombras,
unas lágrimas secas.
Febril temblor de labios, una loca
esperanza desierta.
Edifícame en piedra – Mariluz Escribano
Si mi voz no te alcanza
ahora que estás dormido,
recréame en el mundo
de tus mágicos sueños.
Olvida cómo soy,
edifícame en piedra
para que así tu puedas
vivirme eternamente.
Inscrita en tu memoria
por los siglos seré
amor indestructible,
inamovible roca enamorada y alta.
Si mi voz no te alcanza
puesto que estás dormido,
déjalo para luego.
Soy tan frágil ahora
que la lluvia me hiere.
Edifícame en piedra,
suéñame inalterable.
Otra luz – Noni Benegas
A tientas por la casa
con pasos de tiza,
con la luz de los sueños
tan pronto opaca o radiante.
¿Quién alumbra esa pantalla
en el cerebro a oscuras?
Como la piel se aja desde dentro
el misterio de ese fulgor persiste.
Canción de septiembre – Mariluz Escribano
Apresuradamente
llega el otoño hasta los arces
con pies de bailarina
por el aire.
Es septiembre. Ha llovido,
un penúltimo olor a hierbabuena
y un pájaro postrero
por el aire.
Qué agónico jardín para el recuerdo,
bordado en la madera de la tarde.
Cantar – Gabriel Celaya
Perdido entre las cosas
mi corazón, mi corazón
que toma el nuevo nombre
de cada nuevo amor.
Una sonrisa basta,
un jazmín, un color
para llevarse entero
mi corazón, mi corazón.
El mundo en vilo viene
a ser en mi canción,
a ser él mismo siendo
en mí que ya no soy.
¡Oh pasos en la nada!
Mi corazón, mi corazón
diciendo los mil nombres
y olvidando mi voz.
¡Oh tú, que yo recreo
más puro en la canción,
que ya no eres tú mismo
como yo no soy yo!
Se me va, peregrino,
mi corazón, mi corazón,
pero me queda, eterno,
el hijo de mi amor.
Canción del olvido – Mariluz Escribano
No recuerdo tu nombre
aunque abejas libaran tu apellido
pródigas en la miel.
Desde el rincón del libro
donde habitaba el son de aquel poema
desprende polvo una flor.
Y el mar que no muere,
ha borrado la arcilla de tu nombre
para que no regrese
a mis labios de sol y enredadera.
Fecha de caducidad – Aurora Luque
Con el traje de junio
la vida se mostraba casi dócil
entre toallas verdes y amarillas
y lycra luminosa compartiendo
fronteras con la piel. Olor a mar templado
y la pereza cómplice
de olas y bañistas: era propicio hundirse
en esas lentejuelas soleadas del agua
o en las selvas pintadas sobre los bañadores,
desmenuzar el velo finísimo de sal
de unos hombros cercanos
y posponer la noche y su aventura.
Parecía la vida un puro litoral
pero avanzó una sombra:
al borrar con saliva la sal de la mañana
pude ver la inscripción junto al omóplato:
FRUTA PERECEDERA. Consumir
de preferencia ahora. El producto se altera fácilmente,
antes que los deseos. No se admiten
reclamaciones.
Ha venido el otoño – Mariluz Escribano
Ha venido el otoño, ¿lo recuerdas?
Madre, ¿te acuerdas del otoño?:
últimas rosas de la Huerta,
los álamos dorados, aquel prado,
la lluvia en la ventana, los silencios
aislándonos del mundo y sus quehaceres,
la voz del vendedor que se perdía
dolorida y cansada
en la grisura azul del patio
entre las voces blancas de las niñas
que jugaban al corro:
«A la flor del romero,
romero verde...
Si el romero se seca
ya no florece...».
Madre, no sé si lo recuerdas.