Soledad en la muerte – José María Pemán

Hay que morir sin compañía...		
Esposa mía y compañera:		
tuya es mi vida toda entera,		
¡pero mi muerte es sólo mía!		

Toda la gracia del vivir		
te di con mano generosa:		
pero el cogollo de la rosa		
no lo podemos compartir.		

Tienes la vida y la verdad		
del compañero y del amigo.		
Pero aquel día... ¡yo conmigo		
en mi infinita soledad!		

Dos almas tienen sólo un Dios		
y dos estrellas sólo un cielo.		
Dos vidas viven un anhelo		
¡pero no hay muertes para dos!		

Por esa puerta no entrarás.		
En esa senda no serás		
ya mi consuelo y mi maestra.		
Toda mi vida ha sido nuestra.		
¡Mi muerte es mía, nada más!

 

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