tú que también escupes secretamente
en el abrigo que escogió tu corazón
y desconoces el porqué de lo elegido en sangre.
No busques el sentido de este libro.
Tú tampoco quisiste ser pastor
ni le has dado comida a lo lejano.
No me pidas un arma.
Mi dedo no señala. Tan solo
nos dibuja en la saliva.