Veo anegarse la llanura heladaen marea de sombra que crecienteal rojo sumidero del ponienteconduce la blancura amordazaday a la noche cerradaunas cuantas palabras que prudenteconseguí, menos sabio que paciente,traigo como remedio de la nada.Solo para regalo de mis ojosbrillan y aroman y por un momentochisporrotean en la llama huidiza;después, con otros restos y despojosde voluntad y de conocimiento,perecen hechas brasas y ceniza.