Archivo de la categoría: Poesia española

El Maelstrom en la sopa – José Luis Rey

En el viaje al confín del alimento,
al fondo de la luz no masticatile,
en esta expedición al sol hirviendo, en nuestro descender
a los misterios de otro corazón
que burbujea en el volcán, volando
en los lagos del norte, en nuestra vida gótica,
en azafrán dorado de los fiordos,
en este remolino acaba el mundo.
La cuchara del náufrago y el cuerpo adolescente
ya no sirven, se quiebran en la fuerza del descenso.
Y el vacío nos lleva, ni siquiera una pluma escapará
de tanta clara gloria.
En el borde del plato se congregan las ranas
como monjas en torno de una espiga.
Acordaos de mí, acordaos de mí,
dice el hombre que va a ser absorbido
y alzando así los ojos
ve arriba una vez más el jarrón con las flores amarillas,
el día puesto allí, desordenado,
el viejo humilde don
que se aleja en el aire. El remolino
ya convierte sus piernas en raíces del mar
y en círculos desciende, más amplios cada vez,
con cangrejos, sirenas y podrido pescado.
Todos los hombres se hunden en la sopa.
Abismo, ten piedad,
pues en la rueda azul del alimento
solamente quisimos ser muy jóvenes
para apretar los pájaros que cantan
en las axilas de una mujer.
Suena, sopa, despierta a tus ahogados.
Y lánzalos, escúpelos de nuevo
a la tierra caliente de Abraham.
En los tobillos del día, en sus escamas,
han de tenderse los despiertos y
cantar, cantar, cantar.
Y del cuerpo aterido, encallado en la costa,
se derrama otra vez
el primero y el siempre último amor.

En este instante – Antonio Rivero Taravillo

Esa temperatura exacta
(afinada hasta lo infinitesimal
pero variable
según mil circunstancias
irrepetibles),
en que la cerveza está a punto de calentarse
pero alcanza su sazón
y su mejor sabor, ya amenazado de muerte:
cuando pide ser bebida en un último sorbo
consciente de su marcha,
rica como no ha estado antes;

así,
gases, burbujas
y la rareza de lo líquido
donde todo amenaza a este estado,
el breve tiempo que le queda
a nuestro sistema solar
antes de enfriarse para siempre:
hay que aprovechar esos millones de años
irreparablemente transitorios
–aprisa, corre, bebe, paladea–
en este instante.

Reseña del poeta

Juegos de Tahúr – Verónica Aranda

Miré los muros de la vieja Delhi,
sus juegos de tahúr por callejones,
la incertidumbre de los comerciantes.

Se fraguó mi escritura en la oscura trastienda
donde un músico errante
afinaba un sitar. De la extrañeza
al extravío sólo hay siete dunas,
la devoción, sus diosas flotando sobre lotos.

Del extravío al lecho donde asoman las ramas,
pues para adormecerme junto a ti
encadené más de una noche en blanco
en lúdicos vagones de tercera,
un sadhu embadurnado de cenizas
me trazó un mapa astral. La desnudez
se dispersaba por los arrozales.

Llegué indemne al umbral del templo de alabastro,
a la carne asombrada donde se curva el miedo,
a los bazares de la vieja Delhi.

Me anuncian otra vez la esperada – Pedro Casaldáliga

Me anuncian otra vez la esperada.
Me anuncian Tu visita.

Voy a poner en orden la casa del recuerdo.
Voy a vestir de flores de pobreza
mis sueños y mis iras.

A orillas de la tierra me aguarda la canoa...

Después,
mientras se explican
los pájaros, las ruedas,
los soles y las lunas,
yo espero que el silencio
diga, sobre mi sangre,
palabras verdaderas.

Primperan Compositum- Pablo García Casado

cuando pienso que hoy domingo el borracho de mi ex
ese cerdo con cara de pornógrafo se estará follando
a alguna de sus alumnas cuando pienso en lo imbécil

que he sido creyéndome lo del dixán lo de sin ti
la casa es un asco lo de vamos nena te voy a llevar
lejos muy lejos me están entrando ganas de vomitar

todo ese j&b con mala leche que llevo dentro

Venecia, como entonces – Antonio Lucas

A Venecia, créeme, se llega huyendo.
Es la ruta más directa, la epidemia de todos.
Huyendo de los pasos que no has dado,
del feo imperativo del deber.
La vida es algo así,
con sus torres, con sus gatos, con su soborno roto,
con el sol retirándose del sol,
y eso lleva tiempo.

Venecia es, muy despacio, un agua que se hunde.
Y al final desconocemos si el triunfo es la ciudad o su escenario.

Por eso nunca evites su cruenta mercancía,
su meditado engaño.

Vivir es desplazarte alrededor de ti,
como hacen la sangre y los conserjes,
como saben los pájaros.
Venecia no es distinta a su amenaza
si no pierdes los ojos frente a ella.
Tampoco es evidente.
A veces parece irrepetible,
como la fruta o la clausura,
allí donde está el mar a punto de quemarse.

Y aceptas de algún modo
el primer acuerdo con la muerte, que es soñar.
Igual que hay belleza en todos esos niños
que juegan a matarse.
El cielo estuvo amable en lo alto de Venecia.
Levantó las manos contra el tiempo y no tuvimos miedo.
Porque somos más fuertes que la luz,
más necesarios.
Porque todo lo que importa
se explica por sí mismo.

Capgras- María Paz Otero

UN rostro sin efecto no es un rostro.
Una madre sin amor no es una madre, es una extraña.
Pero el dolor de la madre sí existe y yo lo veo:
se multiplica y se expande, se traga la luz,
nos arrastra.
En la penumbra él la mira, pero no la reconoce,
y a pesar del sufrimiento trata al rostro
incierto con cuidado. Lo interroga,
intenta comprender lo inexplicable.
La extrañeza: una grieta imperceptible, un sendero,
y al final sus ojos azules, agotados, 
cálidos como nidos y profundos.

Meditación en el umbral – Juan Herrero Diéguez

COMO quien va tirando de un hilo sin saber
a dónde le conduce,
te has quedado a mirar los negativos
del día que bajasteis unos cuantos
a bañaros al río sin permiso.

Los padres no querían que salierais 
a explorar los caminos, pero claro:
el peligro, los límites.

Circulaban entonces las leyendas
de niños que jamás
volvieron al calor de sus hogares,
pero nadie sabía de quien eran,
ni cuál era su calle y os decían
que era imposible ver desde la presa
la negrura del fondo.

La oscuridad enseña a no burlarse
de lo desconocido, pero ¿Cuál 
sería el precio entonces? ¿Qué darías
a cambio de saber lo que hay debajo?