Archivo de la categoría: Poesia española

Sí, … – José Antonio Molero Bote

Si,
Te quería
Cuando trenzabas mis dedos
en la ceremonia amorosa.
Cuando abrías la piel
de mi pecho a tiras
o cuando el manto espeso
de amadora virgen te cubría,
te quería.
Y te quería
Cuando, por los broncos bosques,
me arrojabas,
impasible y perfecta,
hacia la trampa mortal
en que tus muslos
se habían convertido.

A LA TRASLACIÓN DE LAS CENIZAS DE NAPOLEÓN – JOSÉ DE ESPRONCEDA

Miseria y avidez, dinero y prosa,
en vil mercado convertido el mundo,
los arranques del alma generosa
poniendo a precio inmundo;
cuando tu suerte y esplendor preside
un mercader que con su vara mide
el genio y la virtud, mísera Europa,
y entre el lienzo vulgar que bordó de oro,
muerto tu antiguo lustre y tu decoro,
como a un cadáver fétido te arropa;

cuando a los ojos blanqueada tumba,
centro es tu corazón de podredumbre;
cuando la voz en ti ya no retumba,
vieja Europa, del héroe ni el profeta,
ni en ti refleja su encantada lumbre
el audaz entusiasmo del poeta;
yerta tu alma y sordos tus oídos,
con prosaico afanar en tu miseria
arrastrando en el lodo tu materia,
solo abiertos al lucro tus sentidos,
¿quién te despertará?, ¿qué nuevo acento,
cual la trompeta del extremo día,
dará a tu inerte cuerpo movimiento,
y entusiasmo a tu alma y lozanía?

¡Ah! ¡Solitario entre cenizas frías,
mudas rüinas, aras profanadas
y antiguos derrüidos monumentos,
me sentaré, segundo Jeremías,
mis mejillas con lágrimas bañadas,
y romperé en estériles lamentos!
No, que la inútil soledad dejando,
la ciudad populosa
con férrea voz recorreré cantando,
y agitará la gente temerosa,
como el bramido de huracán los mares,
el son de mis fatídicos cantares.

No, yo alzaré la voz de los profetas;
tras mí la alborotada muchedumbre,
sonarán en mi acento las trompetas
que derriben la inmensa pesadumbre
del regio torreón que el vicio esconde,
y el mundo me oirá en donde
el precio vil de infame mercancía,
del agiotista en la podrida boca,
avaricioso oía.
¿Qué importa si provoca
mi voz la befa de las almas viles?
¿Morir qué importa en tan gloriosa lucha?
¿Qué importa, envidia, que tu diente afiles?
Yo cantaré, la Humanidad me escucha.

Yo volaré donde la tumba oculta
la antigua gloria y esplendor del mundo;
yo con mi mano arrancaré la losa,
removeré la tierra que sepulta,
semilla de virtud, polvo fecundo,
la ceniza de un héroe generosa;
y en medio el mundo, en la anchurosa plaza
de la gran capital, ante los ojos
de su dormida, degradada raza
arrojando sus pálidos despojos,
«¡Oh, avergonzados!», gritaré a la gente,
«¡oh, de los hombres despreciable escoria,
venid, doblad la envilecida frente:
un cadáver no más es vuestra gloria!».

Sueño infantil – Antonio Machado

Una clara noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría

—era luz de mi alma,
que hoy es bruma toda,
no eran mis cabellos
negros todavía—,

el hada más joven
me llevó en sus brazos
a la alegre fiesta
que en la plaza ardía.

So el chisporroteo
de las luminarias,
amor sus madejas
de danzas tejía.

Y en aquella noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría,

el hada más joven
besaba mi frente...,
con su linda mano
su adiós me decía...

Todos los rosales
daban sus aromas,
todos los amores
amor entreabría.

Galanteo – Pilar Adón

Garantízame una melodía polaca
fabricada de nieve y barro
con gotas de marginalidad.
Ofréceme un viaje de madera
por las vías de un tren en desuso
con verdes mareas y guaridas
habitables.
Cántame como Piaf rota
y luego ocúltame.

No vendas más planos
de pinturas inacabadas,
y deja de perseguir amapolas
por los pasillos encalados que desembocan
siempre
en el mirador.

La sonrisa arrugada de piel mordida
no provoca ya memoria
y tus manos, blancas, de artista expatriada
mendigan tantos méritos,
que los círculos van rotando
en direcciones opuestas.

Recluye con tu genio
la sofisticación de miradas nuevas
y mañana procura salvar del ahogo,
sin súplicas,
a la niña muerta que descansa en todos tus cuadros.

La noria – Antonio Machado

La tarde caía
triste y polvorienta.

El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.

Soñaba la mula,
¡pobre mula vieja!,
al compás de sombra
que en el agua suena.

La tarde caía
triste y polvorienta.

Yo no sé qué noble,
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna rueda

la dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos
¡pobre mula vieja!...

Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.

Me dijo una tarde… – Antonio Machado

Me dijo una tarde
de la primavera:
Si buscas caminos
en flor en la tierra,
mata tus palabras
y oye tu alma vieja.
Que el mismo albo lino
que te vista, sea
tu traje de duelo,
tu traje de fiesta.
Ama tu alegría
y ama tu tristeza,
si buscas caminos
en flor en la tierra.
Respondí a la tarde
de la primavera:
Tú has dicho el secreto
que en mi alma reza:
Yo odio la alegría
por odio a la pena.
Mas antes que pise
tu florida senda,
quisiera traerte
muerta mi alma vieja.

Moja bieda – Antonio Gracia

Ella era triste como una lascivia insatisfecha.
No sabía mirar, no sabía vivir, no sabía morir.
Ella era hermosa como un suicidio de quince años.
No quería ser triste, no quería ser bella, no quería ser muerte.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Tenía el horizonte agarrado a su cuello
como una horca terrible sin forma de patíbulo
y se dejó caer hacia arriba, en la noche.
Ella vino en un beso masacrado, ella vino.
Ella era amor como una errata en un libro de lágrimas.
Ella no tiene cielos ni infiernos en sus ojos.
Tampoco los crepúsculos sonríen a su paso.
Y sin embargo el zoclo se detiene al oírla.
Ella era el cobalto, la manzana y el grítalo.
Quizásmente tal vez ella es una liturgia.
No hubo salacidad que rozase su piel de lepra virgen.
Ella no muere nunca porque no vive nunca.
Jamásmente ella ha sido lo que yo no soy nunca.
No enturbia, no conoce, no sonríe, no llora.
Sin embargo su pálpito eclipsa el universo.
Ella vino en la noche con un beso en la noche.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Yo amé su piel de amianto para mi fuego inútil.
Murió hace doce años al erguirse hacia un beso.
Murió hace doce años llevándose mi vida.
La verdad: yo quisiera
no haber tenido que escribir este poema.

¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,… – Antonio Machado

¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
que me traes el retablo de mis sueños
siempre desierto y desolado, y sólo
con mi fantasma dentro,
mi pobre sombra triste
sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
o soñando amarguras
en las voces de todos los misterios,
dime, si sabes, vieja amada, dime
si son mías las lágrimas que vierto!

Me respondió la noche:
Jamás me revelaste tu secreto.
Yo nunca supe, amado,
si eras tú ese fantasma de tu sueño,
ni averigüé si era su voz la tuya,
o era la voz de un histrión grotesco.

Dije a la noche: Amada mentirosa,
tú sabes mi secreto;
tú has visto la honda gruta
donde fabrica su cristal mi sueño,
y sabes que mis lágrimas son mías.
y sabes mi dolor, mi dolor viejo.

¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,
yo no sé tu secreto,
aunque he visto vagar ese que dices
desolado fantasma, por tu sueño.

Yo me asomo a las almas cuando lloran
y escucho su hondo rezo,
humilde y solitario,
ese que llamas salmo verdadero;
pero en las hondas bóvedas del alma
no sé si el llanto es una voz o un eco.
Para escuchar tu queja de tus labios
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso
laberinto de espejos.

RECORDANDO EL ENTIERRO DE ESPRONCEDA – ANTONIO ROS DE OLANO

Cayó sin dar un ¡ay! en la primera
y última desventura de su vida…
¡Ya no asusta el cometa sin medida
que se apagó en mitad de la carrera!

Y este llanto que moja mi severa,
rugosa faz en la vejez sumida,
es ya la última lágrima exprimida
de una fuente de amor que amor no espera.

¡Poeta del pesar!… De la clemente
tumba que de los vivos te separa,
rompe la losa con tu férrea mano…

Canta el Himno a la muerte que inspirara
a tu virtud el infortunio humano,
y escupe al vulgo hipócrita en la cara.