Archivo de la categoría: Poesía Guatemalteca

Sublimación – Cristina Camacho

Dame una solitaria estrella
y multiplicaré firmamentos,
multiplicaré tu vida
junto a mi cuerpo.

Dame un solo beso
y el movimiento de los planetas
quedará suspendido
en poemas tibios y secretos.

Siento sed de ti,
una sed que no se apaga
ni con todo mi silencio.

Siento tenerte en noches infinitas,
en los rayos del sol
que iluminan el disco de mi sueños.

Dame una solitaria estrella,
un beso, y elevaré nuestro amor
hacia las profundidades giratorias
del universo.

Lunas que caían a pedazos – Ana María Rodas

Lunas que caían a pedazos
descolgadas del cielo
lunas nuevas no vistas nunca
Lunas llenas a ratos
me inundaron la garganta de llanto

Lunas Siempre fueron lunas

A dónde ha ido todo?
Qué viento de cuarenta años borró tu
carne de mi carne?

Ariosto envió a Orlando
el Furioso
a buscar su sanidad mental
a ese lugar lechoso donde uno encuentra
todo
lo que se pierde en la tierra/

A dónde iré a buscar yo
el calor de las noches
la lluvia tibia
las cenas de sopa de fideos?
Nos comimos
la luna a pedazos Casi duró cuatro años

A tu ancho cuerpo de jade… – Carmen Matute

A tu ancho cuerpo de jade
y plata vuelvo,
jinete de manos verdes
y pleno cuerpo verde
de fosforescencias nocturnas.
A tu mansa lengua tibia
regreso,
a tu espléndido torso
de esmeradas vivas
e increíbles resplandores;
a tu canto
de agua simple,
recogida en tu inmenso lecho
de obsidiana oscura.

A tus olas vuelvo inevitablemente,
a tus amadas hojas líquidas
coronadas de magnolias
que se destrozan en instantes.

Mar con rumor de gaviotas – Margarita Carrera

No sé si llego o si regreso.
No sé si me esperabas o si me buscabas.
No pregunto. Tampoco respondo.
Te traje a mi dimensión de arrecife y coral
porque tu barca atisbaba mi horizonte.

Navegaste con hábil precisión
entre mis acantilados
desafiando mis olas embravecidas
y el compás y la brújula
te fueron inútiles para conocer
el rumbo de mi viento.

¡Y desarmé tu sed de navegarme!

No debiste desafiar la calma de mi orilla.
Deshice los nudos de tus lazos
rompí tus velas y tus estandartes
y por fin… desarmado y vencido
te hice naufragar en mi caudal
de mar y profundidad.

Quedaste exánime boca abajo
tendido en la arena de mi playa.
¿Qué pregunta, qué orilla o qué coral
para desandar mi arena sobre tus huellas?
 No sé si llego o si regreso 
en el incesante va-y-ven de mis olas.

No. No pregunto porque después de todo
tampoco hay respuestas.
Sólo sé que soy este mar con mi calma de eternidad
y mi rumor de gaviotas.
Sé que soy el mar con dimensiones inabarcables
aunque no hayan más caracolas en mis playas
porque lejos se ha ido el amanecer de los recuerdos
y aunque no sepa si llego o si regreso.

Amado – Carmen Matute

Fui agarrándome de ti,
de tus ojos,
campanarios llenos de palomas,
y tu pecho
encendido como un lucero sólo.

Caminé desesperada
en los senderos
trazados por tus venas
y me así
a tus riñones
y testículos,
a tus orejas
y tu lengua.

Golosa
bebí con gratitud
láudano en tu boca
y me detuve
por siglos en tu sexo:
lo exploré
con soles diminutos
nacidos en las puntas de mis dedos
y cárdenos frutos mancillados.

Copié tu mirada,
doblé tu risa,
y lúbrica mordí
tu agonía con los dientes.

Punto G – Carmen Matute

Un desangrarse lento
remontable
hasta la más pérfida belleza
hasta el misterio de la carne inerme

un ciego encadenarse
a la vida
en medio de secretas humedades
fingiéndose criatura marina
o tal vez demonio
cómplice de un ángel
goloso y triste

un desangrarse
un encadenarse
un agonizar feroz
entre la luz imprecisa y virgen
de un eclipse
cerrados los labios y los ojos
pero abierta
extraviada
florecida.