Creo
que duele menos
estar solo
con tu recuerdo,
bajo este cielo
duro,
bajo este viento
espeso,
bajo miradas
agudas
que preguntan:
"¿Por qué sufren
tus manos
en las tardes'?
"¿Por qué no vienes,
sin la hoguera
de su pecho
lejano,
y te diviertes
con nosotras?"
Poder
asirse el alma
sería eso.
Y renunciar
para siempre
al sitio
donde me espera
el viento
acariciando tus cabellos.
Lo sabes.
Contigo
no me cabe el mundo
en las venas.
Pero sin ti
soy demasiado pequeño,
para esta calle
de labios grises.
Créeme, tu ausencia quema,
alma mía.
Y tu recuerdo duele.
Ahora soy, por ejemplo,
el esqueleto
de una casa incendiada,
que se duele
en el fondo de la ceniza.
Y grito: "Llevadme llamas
con vosotras, a cualquier parte.
No me dejéis ardido
de escombros.
Llevadme, en vuestros lomos,
porque me duele
el calvariento recuerdo
de los pájaros que cantaron
en mi techo, por las tardes."
Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.
Así todos los días
amante mía.
Créeme, pero me duele
más tu recuerdo,
amor mío,
que mi vencida soledad.
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Fracaso – Margarita Carrera
Nada, amigos,
esto se acabó.
No se dónde nací
ni por qué
ni para qué
pero me siento viva
y eso basta.
No me habléis
de patria
ni de pueblos
ni de santos.
Mucho menos de sangre derramada.
Yo lo ignoro
hasta lo niego
y me parece un sueño
el dolor infinito.
Nada, sino que esto se acabó
y vivo conmigo.
Absoluta – Ana María Rodas
Subió a los infiernos y está sentada
a la diestra de sí misma
tiene en la mano empuñada
una pluma
y no sonríe ni espera la resurrección de un muerto.
Sublimación – Cristina Camacho
Dame una solitaria estrella
y multiplicaré firmamentos,
multiplicaré tu vida
junto a mi cuerpo.
Dame un solo beso
y el movimiento de los planetas
quedará suspendido
en poemas tibios y secretos.
Siento sed de ti,
una sed que no se apaga
ni con todo mi silencio.
Siento tenerte en noches infinitas,
en los rayos del sol
que iluminan el disco de mi sueños.
Dame una solitaria estrella,
un beso, y elevaré nuestro amor
hacia las profundidades giratorias
del universo.
Todo – Cristina Camacho
Necesito tu voz planetaria
para acariciar mi sueño,
necesito tu mirada nórdica
que incendia mis noches
haciendo estremecer universos.
Necesito tu alma, necesito tu boca,
tu fuerza que es mi galaxia,
tus ojos que son mi sombra.
Te necesito todo tú todo,
desde principio hasta el final.
Lunas que caían a pedazos – Ana María Rodas
Lunas que caían a pedazos
descolgadas del cielo
lunas nuevas no vistas nunca
Lunas llenas a ratos
me inundaron la garganta de llanto
Lunas Siempre fueron lunas
A dónde ha ido todo?
Qué viento de cuarenta años borró tu
carne de mi carne?
Ariosto envió a Orlando
el Furioso
a buscar su sanidad mental
a ese lugar lechoso donde uno encuentra
todo
lo que se pierde en la tierra/
A dónde iré a buscar yo
el calor de las noches
la lluvia tibia
las cenas de sopa de fideos?
Nos comimos
la luna a pedazos Casi duró cuatro años
Creación – Margarita Carrera
Yo creo mi forma.
Soy mi propio Dios
y mi demonio.
Alejaos figuras ya hechas.
Quiero el barro
la carne no modelada
el alba de la palabra.
Yo modelare su nada
su naturaleza esquiva.
Dadme la lágrima
y el suspiro.
Les daré forma,
cuerpo, luz.
A tu ancho cuerpo de jade… – Carmen Matute
A tu ancho cuerpo de jade
y plata vuelvo,
jinete de manos verdes
y pleno cuerpo verde
de fosforescencias nocturnas.
A tu mansa lengua tibia
regreso,
a tu espléndido torso
de esmeradas vivas
e increíbles resplandores;
a tu canto
de agua simple,
recogida en tu inmenso lecho
de obsidiana oscura.
A tus olas vuelvo inevitablemente,
a tus amadas hojas líquidas
coronadas de magnolias
que se destrozan en instantes.
Amor desgarrado – Carmen Matute
Bajo el ala de la noche
que deja
su huella imprecisa
bajo la sombra
del corazón repudiado
rumores de vidrio
rozan el sueño esquivo.
En esa hora que rezuma olvida,
en esa hora secreta y desgarrada,
la piel que me contiene
se llena de nostalgia y latidos.
Desarraigado
el amor
acaricia
la entreabierta herida
que sangra.
Mar con rumor de gaviotas – Margarita Carrera
No sé si llego o si regreso.
No sé si me esperabas o si me buscabas.
No pregunto. Tampoco respondo.
Te traje a mi dimensión de arrecife y coral
porque tu barca atisbaba mi horizonte.
Navegaste con hábil precisión
entre mis acantilados
desafiando mis olas embravecidas
y el compás y la brújula
te fueron inútiles para conocer
el rumbo de mi viento.
¡Y desarmé tu sed de navegarme!
No debiste desafiar la calma de mi orilla.
Deshice los nudos de tus lazos
rompí tus velas y tus estandartes
y por fin… desarmado y vencido
te hice naufragar en mi caudal
de mar y profundidad.
Quedaste exánime boca abajo
tendido en la arena de mi playa.
¿Qué pregunta, qué orilla o qué coral
para desandar mi arena sobre tus huellas?
No sé si llego o si regreso
en el incesante va-y-ven de mis olas.
No. No pregunto porque después de todo
tampoco hay respuestas.
Sólo sé que soy este mar con mi calma de eternidad
y mi rumor de gaviotas.
Sé que soy el mar con dimensiones inabarcables
aunque no hayan más caracolas en mis playas
porque lejos se ha ido el amanecer de los recuerdos
y aunque no sepa si llego o si regreso.