Siempre
Alardeé
De ser
Un
Impecable
Masoquista
Resulta
Que soy
Un
Implacable
Maoísta
Siempre
Alardeé
De ser
Un
Impecable
Masoquista
Resulta
Que soy
Un
Implacable
Maoísta
Como
Buena
Oveja
Descarriada
Que soy
Me vendo
Bien
Al mejor
Pastor
Sufro
Bonitamente
Líbreme
Dios
De los
Malos
Sufrimientos
Después
De todo
Todas
Han sido
El Amor
De
Mi
Vida
De la melancolía
De Sophia y de Brigitte
De Jacqueline y Soraya
De Marie Laforet
De Ira de Fürstenberg
De mi acelerada mujer
Viudo del alba
De la también
Infinita miseria
De ti
De ustedes
De mí mismo
Y de la Poesía
Claro está
No es que muera de amor, muero de ti
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
Lo escrito
Escrito
Está
Y al que
No le gustare
Que por un tubo
Se regrese
A la fuente
De gracia
De donde
Procedía
Juro
Que
Viviré
Hasta
Mediados
Del 70
Para
Poder
Beberme
A gusto
La
Copa
Del mundo
Lo que dice la piedra
sólo la noche puede descifrarlo
Nos mira con su cuerpo todo de ojos
Con su inmovilidad nos desafía
Sabe implacablemente ser permanencia
Ella es el mundo que otros desgarramos
A sus padres, en Perú
Come y bebe conmigo.
Con mi mujer, mis hijos
Y mis amigos.
Mira hacia dos palomas:
Es la paloma azul.
La paloma amarilla.
Sus manos son los ríos
Que van a dar
Irremediablemente
Al mar de su agonía.
El río se llamaba
(también murió)
El río Madre de dios.
Pienso que a todos los poetas,
A la hora señalada,
también habrán de darnos
En la madre
—aunque sea la de Dios.