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De la mujer al hombre – Gioconda Belli

Dios te hizo hombre para mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Amor de frutas – Gioconda Belli

Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme.

Oda al pene – Gioconda Belli

Querido Ticas:
No es posible tener muy buena opinión
de un órgano membranoso
que se pliega y se despliega
sin tener en cuenta
la voluntad de su dueño.
Que no responde a la razón
que hace el ridículo cuando menos lo esperas
o se pone soberbio
cuando habías decidido mostrarte tímido.
No es posible tener muy buena opinión
de los misiles
ni de los obeliscos de las ciudades
ni de las bombas testiculares.
No se puede estar muy orgulloso
de un órgano de requerimientos tan imperiosos
a solitarios manoseos
o a rápidas penetraciones en turbios cuchitriles
pagando lo menos posible.

Sublímalo, Ticas
pinta cuadros
escribe libros
preséntate a diputado
escribe letras de rock
compra acciones de la Bolsa:
todo, para olvidar
esa oprobiosa sumisión
a un órgano que no puedes gobernar,
que no controlas.

Calma – Gioconda Belli

Permití que tus manos
encuentren sus reptiles ancestros
para que se deslicen
como serpientes
por la profunda espesura de mi pelo.

La cúpula de mi templo
es el ámbito que encierra
la sacrosanta arca de la alianza.
Mis orejas, los minaretes
para los cánticos más húmedos
de tu lengua.

Invertí el órden.
De arriba abajo
Hacé tu camino de ladrón
descendiendo desde la bóveda
colgado de la más larga de mis pestañas.

En el tobogán del cuello
Deslizate como el sabio que busca inutilmente
La cuadratura del círculo
Y lanzado fuera de vos mismo
Recorré el valle tenso
Que yace entre mis dos pechos

En el cenote de mi ombligo
Deposita un beso mercurial
Que se enrede por los laberintos hondos
Por los que se llega a la misma memoria
Del vientre de la madre.

De allí en adelante
Dejate guiar por la locura
Por la avaricia de tu paladar
Por tu vocación de explorador
En busca del Centro de la Tierra

Sé el minero que a tientas
Descubre las vetas de sal
Que el mar olvidó en las cuevas femeninas
Donde la vida tiene su refugio.
Aferrate a la húmeda rosa de los vientos
Más poderosa que los huracanes del Caribe
O los maremotos del Pacífico.

Calma tu sed y tus furias en mi,
En el fondo de musgo y algas
Que gimiendo te devuelve
A la breve, eterna seguridad
Del paraíso perdido.

Oda a los poemas perdidos – Gioconda Belli

Antes
cuando un poema
leve como pájaro
se posaba sobre mi mente
corría con mi red
a atraparlo.

Ahora
lo siento rozar
mis neuronas
quedarse quieto un rato
sobre el tendido eléctrico
y lo reto
a que permanezca
a que espere que yo acabe con mis ritos
de la tarde o la mañana;
el pan con mantequilla
el vino al atardecer.

Ya no tengo prisa
ni afanes de coleccionista
A solas gozo el zumbido de su existencia
la efervescencia efímera
de su ser en mi sangre

Ahora contemplo mientras se llena
de plumas de colores
y abre sus alas
en el aire que jadea invisible

Lo dejo marcharse
ave mítica
para nunca volver
jamás.

La orquídea de Acero – Gioconda Belli

Amarte en esta guerra que nos va gestando
y enriqueciendo.
amarte sin pensar en el minuto que se escurre
y que acerca el adiós al tiempo de los besos.
Amarte con el miedo colgado a la garganta.
amarte sin saber el día del adiós o del encuentro.
Amarte porque hoy salió el sol entre nuestros cuerpos
apretados
y tuvimos una sonrisa soñolienta en la mañana.
Amarte porque pude oír tu voz
y ahora espero verte aparecer saliendo de la noche.
Amarte con toda esta incertidumbre,
sientiendo que este amor es un regalo,
una tregua entre tanto dolor y tanta bala,
un momento inserto en la batalla,
para recordar como necesita la piel de la caricia
en este quererte, amor,
encerrada en un triángulo de tierra.